SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

“kitty”, mi furgoneta


me encuentro conduciendo un vehículo  vetusto, rojo y oxidado por el barro de caminos escondidos y traviesos. ¿saben? es de aquellas furgonetas donde uno transportaría gallinas y cerdos, pero transporta personas. mi pick-up es un ser querido para mi y no dudo en quererla como a un amante, celosa de ser mentida por la verdad de una esposa. mis manos tiemblan a cada piedra que ahogo en el suelo asqueroso de esta tierra mientras voy conduciendo y aunque sufra, no hay remedio, hay que seguir.

una vez más retuerzo com mis manos arrugadas y grandes el volante grande y hergonómico como si fuera un paño mojado intentandole sacar el agua. me siento sucio y me gustaría olvidar mi nombre y me seria facil hacerlo, sinceramente. ahora mismo podría frenar mi “kitty” roja, abrir la puta puerta, danzar tres pasos como el chinito protagonista de “el último bailarín de mao” hasta arrimarme al borde del peñasco y aspirar el aire todavía gratis y emular la locura de volar, pero como he dicho quiero continuar.


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Sodoma Y Gonorrea


eunuko literacruda
Alejandro Magno estaba de fiesta con Nabucodonosor “El Grande” en los jardines de Babilonia.
Aprovechando el ambiente festivo, Alejandro Magno le dijo a Nabucodonosor:

Alejandro: Amigo, mira… no puede haber dos “Grandes” aquí, elige otro mote o se acaba la manduca y salimos a hostias

Nabucodonosor: Alejandro, no te ralles… ya vas borracho y tienes ganas de pelotera

Alejandro: He conquistado Persia con los ojos cerrados y podría conquistar Chueca con la misma facilidad

Nabucodonosor: No seas ignorante Alex, Sodoma y Gomorra se quedan pequeñas si las comparas con Chueca, esa ciudad es vicio puro

Alejandro: Pues… yo estuve allí con Hefestión en un antro con cuarto oscuro y te puedo asegurar, que Bagoas tiene más actividad, y eso que es eunuco

Nabucodonosor: ¡Qué Bagoas es eunuco!, pero entonces ¿Cómo se lo monta?

Alejandro: Se pone relleno y finge los orgasmos en Fa


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José Luis, Luis José y la Seta que era un Champiñón


feliciano literacruda

Desconocido 1: Hola, ¿Te llamas José Luis?

Desconocido 2: No, me llamo Luis José

Desconocido 1: Perdón, busco a José Luis que vive en Piedras del Río

Desconocido 2: Pues no sé, yo vivo en Río de las Piedras

Desconocido 1: El José Luis por el que pregunto tiene dos ojos, una nariz con dos agujeros y la boca llena de dientes

Desconocido 2: No conozco a nadie con esas características, vaya a preguntar detrás de aquella seta gigante con vistas al vertedero

Desconocido 1: Vengo de allí, pero me han dicho que no es una seta si no un hongo

Desconocido 2: Es un champiñón

Desconocido 1: En mi humilde opinión, se asemeja a un níscalo

Desconocido 2: Pues parece lo mismo

Desconocido 1: Todo parece lo mismo, ¿Verdad José Luis?

Desconocido 2: No soy José Luis, soy Luis José


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La aurora, el amanecer…


La verdad es que tantas veces me he enamorado que no estoy ya seguro de si el amor existe. Esta es una de esas frases tan ciertas que uno solo podría escribir sin pensar, y así lo he hecho.

Y ahora, llega otro nuevo amor. Un amor más infantil, más inocente, más de boda. Un nombre tan precioso que ni puedo escribirlo y me veo obligado a utilizar sinónimos, que no le faltan, para el título de mis escritos. Un nombre que recuerda que merece la pena vivir, y que, aunque el ser humano sea malo por naturaleza, esta actitud puede destruirse. ¡No! El ser humano puede llegar a ser bueno, bueno de verdad: justo, igualitario y solidario. Y si ella no existiese esto sería falso, pero por suerte no es así. Ella es una utopía, un imposible. Algo que existe pero no debería.


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El reflejo en la ventana


En la habitación de un hotel de tres estrellas, la mirada ausente de un hombre que disfruta del tabaco atraviesa la ventana para perderse por los tejados y azoteas del centro de Madrid. El azul de sus ojos se torna gris cuando la luz del ocaso atraviesa el humo lechoso del cigarro.

Un poco más atrás, una chica con coleta y vestida con vaqueros y camiseta amplia le observa en silencio, sentada sobre la cama. A pocos pasos, descansan sobre el escritorio una grabadora y un cuaderno de notas, junto a un cenicero lleno de cigarros. La habitación huele a un humo de tabaco condensado a lo largo de horas de conversación, que se une en lenta procesión al olor de la nicotina adherida sobre la moqueta y al ambientador con aroma a lavanda.


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Cambio de deseo


CAMBIO DE DESEO

Capítulo 1

Esta historia comienza con Guancho de 16 años de edad en el taller del padre, atareado en su monopatín y algunas piezas del padre (que es mecánico por cierto). Está intentando ponerle un motor al monopatín para ir más rápido al colegio porque está a 2 kilómetros de su casa y no tienen mucho dinero para el autobús.

Capítulo 2

Continua con Hasan subiendo a un autobús un poco nervioso porque lleva 5 kilos de explosivos alrededor de su pecho y espalda. Las personas pasan a su lado ajenas a que posiblemente sea lo último que vean en este mundo.

-Disculpe. -le dice una mujer embarazada que intenta ir al asiento para minusválidos.

-No importa -contesta Hasan-. Soy una persona que le gusta dejar que se sienten los mayores y embarazadas como usted, señora.


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Kilómetro 666.0 2 de 3


Primera parte

-Joder, esto es surrealista. –Pone su dedo derecho en el botón y baja la ventanilla del copiloto.

-¡Hola! Perdona que te moleste. –Dice la señora en tono de disculpa. Tiene el pelo grasiento y recogido en una coleta, y no hay maquillaje que oculte sus ojeras y su mirada cansada. – ¿Se ha roto el coche? –Le cuelga un hilillo de baba de la comisura derecha.

-Sí, me ha dejado tirada. –Sonríe con amabilidad.

-¡Ah! Vaya noche, ¿eh? –Se queda pensando. – ¿Tienes un cigarro? Puedo comprártelo. –Su mirada tiene algo ausente, como si por dentro estuviera pensando en otra cosa. Por fuera, la mujer parece frágil y cansada, como una vagabunda. La bata está gastada y llena de churretes de varios colores indescriptibles.

-Nooo, se me ha gastado el paquete. –Para confirmarlo coge el paquete espachurrado y se lo enseña a la señora. –Bueno, ya vienen a por mí. Estoy bien. –La chica sonríe con todos sus dientes pero sin ganas.


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Kilómetro 666.0 1 de 3


El motor del Audi A4 es tan diésel como el que más, pero aún así experimenta la fatiga del paso de los años cuando el pie de la chica presiona el pedal del acelerador, hasta dejar el motor a más de tres mil revoluciones por minuto. Y lo cierto es que ella tiene prisa. Cuando salió de Madrid ya eran más de las nueve y media, ha pasado del día con David, y el camino hasta Segovia es un poco coñazo. Y ella sin cenar. Por suerte, a esas horas ya no hay demasiado tráfico en la autovía y puede ir tranquilamente a ciento cincuenta. Su padre se echaría las manos a la cabeza pero a ella no deja de resultarle divertido.

Reduce y frena con cierta brusquedad, el hip-hop resuena en los altavoces y el coche abandona la autovía para encarar el último tramo de carretera hasta llegar a su guarida. Le espera un tramo de veintitrés kilómetros de curvas y cuestas, que la chica llama con cierta sorna la carretera “Gran Turismo”.


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Amont – Capítulo 5


Este es una de las partes de un largo relato que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon.

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Esa noche la brisa traía el ruido del salón chino; el olor a carne condimentada que se vendía en cajitas para llevar en un carrito calle abajo.

Apoyado en la barandilla, Giorgio Grigio visualizaba la imponente ciudad desde un ático en el piso treinta y siete. Admirando la majestuosa urbe de Amont por la noche, Giogio era ajeno completamente al vuelco tan enorme que iba a dar su vida.

Sonó el timbre.

El hombre se giró extrañado, nunca había llegado a comprender por qué existían personas que llamaban a la puerta cuando la medianoche se había marchado ya, junto con los trabajadores y efectivos, quedándose en la calle la vida nocturna, a la vez tan luminosa y oscura.


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Amont – Capítulo 4


Este es una de las partes de un largo relato que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon.

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Amont era una ciudad cuanto menos, curiosa. Se podría decir que incluso misteriosa. Richard Beck solo llevaba un día allí, y no había podido parar de poner los ojos como platos. Le sorprendió lo bien protegidos que estaban los accesos. Para conducirle a Amont, le vendaron los ojos durante todo el trayecto en coche. Sólo cuando estuvieron atravesando sus grandes muros de hormigón le desvendaron. Entonces vio Beck lo que Amont significaba, y apenas había empezado a darse cuenta de lo grande que le venía este nuevo trabajo. Detrás de él, los gigantescos muros; delante, una vasta red de calles, callejuelas y callejones. Le sorprendió las grandes distancias que separaban los edificios, y lo peculiares que eran éstos: no demasiado altos, sin apenas ventanas, la mayoría grises, oscuros; algunos coloridos. Le pareció ver incluso que un edificio cambiaba ligeramente de color.


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Amont – Capítulo 3


Este es una de las partes de un relato largo que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon. Para más información y ver todos los capítulos, pulsa el enlace.

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Beck se frotó la frente, comprobó la hora una vez más y miró alrededor. En el salón, los comensales se ponían de pie con intención de marcharse ya; las mujeres sonreían escuchando las bromas de los hombres quienes,  seguramente, iban tan colocados que no sabían con exactitud si agarraban realmente a su pareja o  a otra mujer.

Rebuscó en su bolsillo una vez más, sacó la nota. “Señor Beck, sabemos perfectamente quién es usted. Queremos darle una segunda oportunidad, una razón de existir en ese mundo que tanto detesta. Sabemos que cierta parte de la sociedad le considera no apto para su trabajo debido a su edad, nosotros no pensamos igual. Creemos que aún tiene mucho que ofrecer” No decía nada más, no estaba firmada, sólo ponía una dirección… La dirección del Salón Clandestino.


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Amont – Capítulo 2


Ver todos los capítulos.

Extracto del diario de Jacob Gelb “Mudir”.

Día 18 de octubre. Lunes

Lo sé. Lo sé todo.

Supongo que siempre lo he sabido. Somos todos víctimas de una gran conspiración. Lo sé todo. Lo sé.

Día 19 de octubre. Martes

Tengo que liberarlos a todos. Tienen que escapar. Esta esclavitud… La experimentación… No está justificada. Nunca lo estará.

La liberación está cerca. Sé que tardaré, pero jamás me rendiré.

Día 30 de noviembre. Martes

He liberado a una de ellas. Los modelos femeninos son los que más lo merecen. Son los más perfectamente creados. Ahora es libre.

La envidio, pero no puedo permitirme el lujo de liberarme yo mismo. Alguien tiene que encargarse de los demás.

Día 2 de diciembre. Jueves


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Amont – Capítulo 1


Este es una de las partes de un relato largo que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon. Para más información y ver todos los capítulos, pulsa el enlace.

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- Pero, ¿Por qué precisamente él? No es más que un perdedor.

La pequeña pantalla que tenían delante mostraba la figura de un hombre dentro de una habitación de hotel. Estaba tumbado sobre una cama sin sábanas, con las manos detrás de la cabeza. A su alrededor, sólo el punto de iluminación de una bombilla tintineante demostraba que aquello era habitable. Las paredes desconchadas dejaban ver las tuberías a través de los huecos que las desnudaban, las numerosas humedades del techo dibujaban formas sombrías y siniestras, y como mobiliario, tan solo un cenicero lleno de colillas, una silla, una cama y una neverita de cincuenta centímetros de altura.


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La muda de otoño


Él ya había muerto. No del modo en el que la mayoría de gente fallece; él aún respiraba, su corazón latía sin gana y sus ojos todavía recordaban como llorar. Pero pocos indicios más de lo que podría llamarse vida eran visibles en él.

En este punto ya entenderéis de a qué me refiero. Su muerte había sido interna. En resumidas cuentas, estaba muerto por dentro: Su mente y espíritu habían sido quebrados y vueltos a unir tantas veces, que ninguna pieza encajaba ya en el puzle remendado de su alma. Y habían ido cayendo por su propio peso. Estaba vacío.

Y así siguió mucho tiempo –o no, ya que a fin de cuentas aquel concepto por momentos dejaba de tener sentido para él- ese caparazón ausente de vida, ese extraño chico de mirada vacua. ¿Pero qué más da? A veces hacía como que sonreía, y eso era prueba irrefutable para el mundo entero de que todo iba bien. Como siempre, como cada día.


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Sombras: La pesadilla recurrente. Parte II


Unos párpados se abren de golpe, dejando ver unos ojos tremendamente enrojecidos, cegados por la luz de la lámpara de mesa, que impregna toda la estancia con una brillante luz amarillenta. El hombre gira la cara hacia un lado para evadir la molesta luz, incorporándose sobre la cama. Su mirada se dirige a la mano derecha, la cual sujeta fuertemente un arma. Se trata de una vieja escopeta de caza, una Beretta del calibre 12. La cara del joven se torna en resignación, y la deposita nuevamente en el suelo, su lugar por defecto durante las horas de sueño durante los últimos días. Al parecer el empuñar la escopeta tras despertar bruscamente de un sueño se ha convertido en reflejo después de repetir el movimiento decenas de veces. Claro, siempre y cuando se pueda llamar a “eso” sueño.


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Sombras:Prólogo. Parte I


En la distancia se oye un lamento. Un grito plañidero, que estremece el alma y provoca un incontenible escalofrío de ominoso terror.

Se hace un silencio sepulcral, y la mente es incapaz de encontrar un asidero de razón a la que atenerse. La respiración suena como un estridente bufido, demasiado alta. ¡No hagas tanto ruido!, piensa el joven. Hasta los pequeños chispazos en las sinapsis de las aceleradas neuronas parecen ser un cartel luminoso delatando su presencia. Reza por estar ya muerto. Quizás así sea menos audible cada movimiento de sus desesperados pulmones, que hiperventilan sin remedio alguno.

Entonces, apenas distinguible entre la completa oscuridad, una sombra se mueve en las tinieblas, perfilando su negrura con rápidos movimientos de predador. Su forma absorbiendo la propia oscuridad del entorno, que hasta entonces parecía completa.


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Amont – Preludio


Ver todos los capítulos.

Comienza un nuevo relato por capítulos que escribiremos Champinon y yo, Lascivo. Espero que os guste. Y si no entendéis nada ahora. No os preocupéis, todo a su tiempo. ¡Un saludo! ¡Disfrutadlo!

La lluvia repiqueteaba contra las chapas y los techos de las chabolas. El barro se adhería a los zapatos de Richard Beck, que se apartaba el flequillo mojado de la cara. Con tan poca visibilidad, apenas podía intuir adónde debía dirigirse. Un perro mediano, empapado y mugriento, le seguía los pasos desde una distancia prudencial. Parecía no importarle la lluvia. ¿Y qué más daba, en realidad?, pensaba Beck. Mirara donde mirara no veía más que la más absoluta de las miserias. Casuchas improvisadas en mitad de la nada, cuando a menos de tres o cuatro kilómetros la más ostentosa riqueza aplastaba ideales y masacraba esperanzas.


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Una Pequeña Conspiración


La tarde era oscura y siniestra. El cielo gris apenas dejaba pasar más luz que la necesaria para orientarse entre los ligeros jirones de tenue niebla. A pocos pasos frente a mi posición, un hombre de aspecto siniestro a la par que desaliñado me miraba fijamente. Parecía perturbado, como escondiéndose de algo o de alguien. Se acercó a mí.

—Oye, lo tengo ya todo planeado –me dijo.

—Ah, ¿sí?

—Sí, pero… —se quedó mirando al guardia que había en la esquina. Lo hacía con expresión de desprecio, y terminó señalando en su dirección—. Necesito que te encargues de ese tipo.

Miré al guardia y volví la vista a mi interlocutor. Me mantuve en silencio. Al fin y al cabo, siempre he sido un profesional. Él se me quedó mirando, callado, unos pocos segundos. Entonces se giró y se fue.


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La estudiante de actuación


-¿Para qué tanta violencia? Mira, me voy a relajar y has conmigo lo que quieras-dijo la mujer mientras en el forcejeo intentaba sacarse algunas prendas de ropa, luego que el violador la jaló hacia una pequeña callejuela y la tiró al suelo tomándola de sorpresa violentamente por detrás.
El hombre quedó petrificado al ver la docilidad de la mujer y su vista fija en la de él.
-¿Qué no ves lo delgada que estoy? ¿Que no te das cuenta que no te tengo miedo?
Créeme. Si me violas tendrás SIDA; y si decides no hacerlo y matarme:
¡Me harías un gran favor!-
Gritó.
El hombre la soltó de golpe y se alejó corriendo. Ella se quedó tendida en el suelo. No sabía si reír o llorar mientras miraba al cielo oscuro. Luego se levantó.

 Las piernas le temblaban.

Moraleja: La vida humana es demasiado corta para empezar a quitarle cosas. Lo importante es añadirle capítulos.


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Retazos.


Envidia. Andaba saboreándola yo en aquella indiferente mañana de abril. Envidia. Bailaba entre mi paladar y mi lengua, entre suave y afrutada. Advenediza. Una pizca desvergonzada, la envidia. Compañera de cama. Y después, de fatigas. Casi tiene gracia.

Todo me sabía a ella y no quería tentar a la suerte, con lo que pasé de largo el comedor con rapidez y me hallé en la terraza. Me apoyé en la baranda, pensativo. Amanecía, y más allá la estepa castellana amanecía conmigo. Estaba desnudo, pero era incapaz de experimentar sensaciones aisladas. Frío o calor, tanto daba. Lleno o vacío. Supongo que tenía la cabeza en otra parte, si entiendes lo que quiero decir.

Y creo que fue entonces cuando decidí matarla. Claro que no fue algo consciente. Actos así no se piensan, en realidad. No se deciden. Pero algo cambia dentro de ti, algo hace que suene la queda en tu interior y todo lo que haces y piensas y sueñas, toda ficha que hueles y mueves a partir de ese instante te conduce inevitablemente hacia un final que ni siquiera habrías imaginado.


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