SOPA DE RELATOS

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Amont – Capítulo 5


Este es una de las partes de un largo relato que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon.

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Esa noche la brisa traía el ruido del salón chino; el olor a carne condimentada que se vendía en cajitas para llevar en un carrito calle abajo.

Apoyado en la barandilla, Giorgio Grigio visualizaba la imponente ciudad desde un ático en el piso treinta y siete. Admirando la majestuosa urbe de Amont por la noche, Giogio era ajeno completamente al vuelco tan enorme que iba a dar su vida.

Sonó el timbre.

El hombre se giró extrañado, nunca había llegado a comprender por qué existían personas que llamaban a la puerta cuando la medianoche se había marchado ya, junto con los trabajadores y efectivos, quedándose en la calle la vida nocturna, a la vez tan luminosa y oscura.


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Amont – Capítulo 4


Este es una de las partes de un largo relato que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon.

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Amont era una ciudad cuanto menos, curiosa. Se podría decir que incluso misteriosa. Richard Beck solo llevaba un día allí, y no había podido parar de poner los ojos como platos. Le sorprendió lo bien protegidos que estaban los accesos. Para conducirle a Amont, le vendaron los ojos durante todo el trayecto en coche. Sólo cuando estuvieron atravesando sus grandes muros de hormigón le desvendaron. Entonces vio Beck lo que Amont significaba, y apenas había empezado a darse cuenta de lo grande que le venía este nuevo trabajo. Detrás de él, los gigantescos muros; delante, una vasta red de calles, callejuelas y callejones. Le sorprendió las grandes distancias que separaban los edificios, y lo peculiares que eran éstos: no demasiado altos, sin apenas ventanas, la mayoría grises, oscuros; algunos coloridos. Le pareció ver incluso que un edificio cambiaba ligeramente de color.


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Amont – Capítulo 3


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Beck se frotó la frente, comprobó la hora una vez más y miró alrededor. En el salón, los comensales se ponían de pie con intención de marcharse ya; las mujeres sonreían escuchando las bromas de los hombres quienes,  seguramente, iban tan colocados que no sabían con exactitud si agarraban realmente a su pareja o  a otra mujer.

Rebuscó en su bolsillo una vez más, sacó la nota. “Señor Beck, sabemos perfectamente quién es usted. Queremos darle una segunda oportunidad, una razón de existir en ese mundo que tanto detesta. Sabemos que cierta parte de la sociedad le considera no apto para su trabajo debido a su edad, nosotros no pensamos igual. Creemos que aún tiene mucho que ofrecer” No decía nada más, no estaba firmada, sólo ponía una dirección… La dirección del Salón Clandestino.


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Amont – Capítulo 2


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Extracto del diario de Jacob Gelb “Mudir”.

Día 18 de octubre. Lunes

Lo sé. Lo sé todo.

Supongo que siempre lo he sabido. Somos todos víctimas de una gran conspiración. Lo sé todo. Lo sé.

Día 19 de octubre. Martes

Tengo que liberarlos a todos. Tienen que escapar. Esta esclavitud… La experimentación… No está justificada. Nunca lo estará.

La liberación está cerca. Sé que tardaré, pero jamás me rendiré.

Día 30 de noviembre. Martes

He liberado a una de ellas. Los modelos femeninos son los que más lo merecen. Son los más perfectamente creados. Ahora es libre.

La envidio, pero no puedo permitirme el lujo de liberarme yo mismo. Alguien tiene que encargarse de los demás.

Día 2 de diciembre. Jueves


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Amont – Capítulo 1


Este es una de las partes de un relato largo que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon. Para más información y ver todos los capítulos, pulsa el enlace.

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- Pero, ¿Por qué precisamente él? No es más que un perdedor.

La pequeña pantalla que tenían delante mostraba la figura de un hombre dentro de una habitación de hotel. Estaba tumbado sobre una cama sin sábanas, con las manos detrás de la cabeza. A su alrededor, sólo el punto de iluminación de una bombilla tintineante demostraba que aquello era habitable. Las paredes desconchadas dejaban ver las tuberías a través de los huecos que las desnudaban, las numerosas humedades del techo dibujaban formas sombrías y siniestras, y como mobiliario, tan solo un cenicero lleno de colillas, una silla, una cama y una neverita de cincuenta centímetros de altura.


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Amont – Preludio


Ver todos los capítulos.

Comienza un nuevo relato por capítulos que escribiremos Champinon y yo, Lascivo. Espero que os guste. Y si no entendéis nada ahora. No os preocupéis, todo a su tiempo. ¡Un saludo! ¡Disfrutadlo!

La lluvia repiqueteaba contra las chapas y los techos de las chabolas. El barro se adhería a los zapatos de Richard Beck, que se apartaba el flequillo mojado de la cara. Con tan poca visibilidad, apenas podía intuir adónde debía dirigirse. Un perro mediano, empapado y mugriento, le seguía los pasos desde una distancia prudencial. Parecía no importarle la lluvia. ¿Y qué más daba, en realidad?, pensaba Beck. Mirara donde mirara no veía más que la más absoluta de las miserias. Casuchas improvisadas en mitad de la nada, cuando a menos de tres o cuatro kilómetros la más ostentosa riqueza aplastaba ideales y masacraba esperanzas.


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El Marchitar De La Rosa – Un Día Poco Normal


“Tengo sed, Dame de beber, escucha lo que te digo, dame de beber ahora…”

Otro sueño… Las noches son intranquilas, las voces de mis muertos retumban mi cabeza. Recuerdos frívolos de personas que del más halla torturan mi descanso, perturban mi paz. El deseo interno que me come cada vez más, una sed insaciable a la venganza y a la sangre, una sed que no puedo saciar y me controla. Pero debo mantenerme firme por Kitsune y por todos los niños del Japón. No, nunca por la venganza…
Es ahora de que empezamos un entrenamiento mental, espero que el siempre tenga esa esperanza de justicia, nunca pero nunca quiero verle en un camino erróneo. El entrenamiento tomara muchos días de paz y quietud, así que la concentración es fundamental para ello.


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Venganza 3


Carlos levantó la vista y vio lágrimas cayendo por la cara del marido engañado; pero después de leer esto, Carlos creía aún más en su teoría, estaba convencido. “Venganza”, pensó.

-Tendré que llevarme la carta y comparar las letras para confirmar que sean de la víctima, después, se te transmitirán los resultados.

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-¡Mierda! ¡Maldito bastardo!- Mike veía las noticias y comprobaba que era sospechoso del asesinato.

Sabía que era culpa del ex-marido de esa zorra; él había sido el primer objeto de sospecha, y habría dicho algo que le inculpase.

Bueno…, no pasaba nada, sólo tenía que acabar con el policía encargado del caso y luego con el maldito chivato.

-Aún no me han encontrado, y no creo que lo hagan….

Cogió el cuchillo y se repasó el corte de la muñeca, que de nuevo volvió a sangrar.

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Venganza Parte 2


-¿Qué tal el caso de la mujer asesinada?- Carlos Rodriguez era un policía joven, bastante joven para ser encargado de este tipo de casos, y Juan, mientra le hacía esta pregunta, no podía evitar pensarlo.

-Ha sido su ex-marido, no hay duda.

-¿Aún insistes en esa teoría? No tienes pruebas, y el detector de mentiras ya ha negado esa posibilidad.

-No sería el pimero que supera esa prueba siendo culpable, y además sí tengo pruebas.

-No son pruebas- Juan negaba con la cabeza- La sangre en su cuerpo es normal: cuando los de la ambulancia llegaron, se negaba a dejar de abrazar el cuerpo de su mujer; las huellas en el cuchillo no son extrañas, dado que fue él quien se lo extrajo del pecho, y no lo soltó hasta que llegamos nosotros.

-Ya… ¿Y por qué es tan parecido al resto de los cuchillo de su casa?


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Venganza


Jaime miró el informe médico y tras un par de ojeadas lo lanzó a la basura. “Absurdo”, pensó.

Estaba en su estudio de arquitectura, rodeado de planos y ofertas de posibles clientes; pero sus ojos sólo se dirigían a la foto de su ex-mujer, María, preguntándose aún, después de dos años sin verla, cómo había podido dejar escapar a tal mujer. “De hoy no pasa, voy a ir a verla y le pediré otra oportunidad”. Cogió sus cosas y se fue a casa.

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Semáforos, malditos aparatos ralentizadores…

Mike estaba en su coche y no estaba de muy buen humor, tenía que llegar a su casa y prepararlo todo, pues hoy era el gran día.

“Esa zorra pagará por haberme dejado”, pensaba continuamente mientras cambiaba de marcha y aceleraba el coche.

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Epílogo de “Aún sin nombre…”


Bueno, escribo una breve introducción de un relato en el que llevo trabajando un tiempo y que seguramente de lugar a varios relatos por capítulos.

No tiene nombre aún, asi que ya se lo pondré a su debido tiempo. Espero que os guste, a los que me leeis con regularidad, y a los que no me han leido nunca.

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- ¡Capitán! -El Sargento Rodríguez entró apresuradamente en el despacho del oficial para pararse después en una perfecta posición estirada de academia, y esperó el permiso de su superior para comenzar a hablar.

-Adelante Sargento, ¿qué sucede esta vez? -John Ellen parecía mayor de lo que realmente era. Sus canas delataban sus numerosos años al servicio del Gobierno Internacional. Ahora era un miembro importante dentro del I.I.C. y sus responsabilidades funcionarias eran aburridas pero estresantes.

- Es el PreSo A.L.E.-0023… -La voz del suboficial parecía nerviosa.


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El Marchitar De La Rosa – ¡Tengo que lograrlo!


Ya ha pasado una semana desde que Kitsune volvió al entrenamiento, hay lago en el que me hace sentir alegre, él es un chico ejemplar; ha mejorado considerablemente su estilo de pelea. Él me pide que le enseñe a manejar un arma, lo cual puede ser peligroso, no para si mismo, si no para otras personas, al fin y al cabo el es un chico todavía. Lo llevaré a la celebración de solsticio de ocaso, así podrá relajarse y salir un poco del entrenamiento.

A pesar que la feria del pueblo es muy alegre, Kitsune no se siente muy a gusto con la invitación, parecemos hermana mayor con su pequeño hermano, cosa que no le agrada mucho. Ya es medio día y Kitsune aún no se ve feliz, sus pensamientos son algo que jamás comprenderé, pero se que es un buen muchacho, y le irá bien en la vida.


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El Marchitar De La Rosa – Masacre en la villa, sentimientos extraños


Kitsune no ha vuelto al entrenamiento, se bien que él me tiene rencor. No lo juzgo, la policía lanzo una trampa para que aquellos que tuvieran algo de fé en mi, se perdiera por completo en la masacre en la villa.

Todo comenzó ese día, en el cual estaba vigilando que llegara mi objetivo a los puertos, una noche que volvía al pueblo, cerca a la villa donde vive Kistune y sus hermanos, comenzó a incendiarse, la misma policía estaba atacando la villa. Sin que nadie se diera cuenta comenzaron a tirar ramas empapadas de aceite a los techos de cada cabaña, al ver esto solo pude alertarme he ir a detenerlos.


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El Marchitar De La Rosa – Un paso mas cerca, un pupilo


Han pasado dos semanas, y la policía local no a localizado al asesino de la rosa, mientras pasa el tiempo, todos los días estoy vigilando los puertos. Mi madre cree que tengo novio, y es mejor que crea que lo tengo por ahora. Nada fuera de lo común, ni en las noches se ve movimiento sospechoso en los puertos, quizá la información sea falsa y tendré que empezar de nuevo.

Estando en el mercado del pueblo un chico roba comida,  el vendedor lo persigue por todos lados, tirando canastas de otros mercaderes y arrollando a la gente. Pero era tanto el desespero del vendedor, que llevaba un cuchillo en su mano. No podía dejar que aquel chiquillo saliera herido de la situación, pero tampoco como mujer debía entrometerme, de esa manera no tuve opción que tomar trapos y cubrirme la cara.


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El Marchitar De La Rosa – Las voces del asesino de la rosa


Tengo sed, demasiada sed, dame de beber por favor, lo necesito ¿por que no me das de beber? Son las palabras de mi catana, una espada antigua de mi familia y desde aquel  día la oigo hablar. No se exactamente como era ese día, solo recuerdo estar de la mano de mi padre caminando por el bosque.

-          ¡Padre!, que arboles tan lindos son estos, ¿como se llaman?- le dije con tanta curiosidad.

-          Son Cerezos, y de verdad que son muy hermosos –me respondió con una sonrisa en el rostro.

Esa fue la ultima vez que le vi  así, fue asesinado por unos hombres cubiertos, intentando protegerme fue herido de gravedad su mano no pudo empuñar la espada, con sus ultimas palabras me dijo que esa espada se transmitía de padre a hijo, yo era mujer y nunca quiso que la tuviera, pero la tradición era eso mismo así que tenia que proteger a mi madre.


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El zulo era deprimente, pero muy amplio y suficiente para que se hospedase una familia entera, como era el caso. Las paredes eran de ladrillo y relucían las telarañas y asomaban las ratas. El niño aveces se divertía disparando con la 9 milimetros de su padre. Juan, apodado ”el vaquilla” por el resto de la mafia vallecana, se recostó en el sofá, cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño…

”Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing”

- ¡Lisa! ¡¿Lisa cariño porqué no coges el telefono?! ¡Papi quiere dormirse!

Puesto que no recibió respuesta alguna de su hija, se dispuso a descolgar.

- Sí, digame.

- ¡Hola! ¿Es usted Juan Garcia Lasa? Le llamamos de Telefonica.

- Errr, si, pero no nos interesa, ¿eh? Muchas gracias.

- Es importante, caballero. Debe usted mas de doce mil euros en gastos telefonicos.

- ¿¿¡¡Cómo!!??


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El acantilado


El inspector general de la policía de Crawley, un cincuentón adaptado a la rutina refunfuñaba por haber tenido que alejarse tanto de su comisaría. El caso es que una serie de extraños asesinatos se habían producido a lo largo de toda la costa de West Sussex, y la policía de toda la región no daba abasto, así que habían tenido que recurrir a las pacíficas villas de interior donde nunca sucedía gran cosa que valiese la pena registrar con un sinfin de inútil papeleo.


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Rehén


¿Me podría decir la hora?- me dice, en un susurro el hombrecito de los ojos redondos. Apenas mueve los labios, sin dejar de mirar hacia la puerta, cuidando no ser visto. Le respondo-también en un susurro, tampoco yo quiero ser visto- que no llevo reloj. El hombrecito me mira un poco desilusionado, e intenta la misma pregunta con la mujer que está sentada junto a mí. Me pregunto de qué servirá saber la hora en estas circunstancias. Qué más da si son las ocho, las nueve o las diez (yo diría que son las nueve y media) si nuestro tiempo ya no nos pertenece (aunque nunca nos haya pertenecido realmente), sino que depende de lo que estos hombres dispongan.

-Nueve y veinticinco- responde la mujer. El hombrecito respira satisfecho.


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En Vías de Putrefacción #12


(¡Bueno! Han sido 12 días d relato. 12 capítulos en total, y éste es el último. Muchas gracias a todos los que lo habéis seguido y comentado. Quién sabe, puede que haga una segunda parte… Je, je.

Para el capítulo de ayer, clicka aquí)

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El cabrón de Olmedilla…

Parecía un pringao, pero resulta que tiene amigos. Mi nombre es Ernesto González, inspector de policía. Estoy en el funeral de Víctor Redondo, el peor asesino en serie que hemos tenido en los últimos diez años. Y digo el peor, no por el número de asesinatos, sino por el hecho de que nos ha tenido engañados durante toda la investigación. Sólo cuando ha muerto hemos dado con él, y porque él ha querido.

Hemos sido muy tontos, joder. El comisario ha insinuado que debería pedir la jubilación anticipada, y eso en mi oficio significa pasar de policía a vigilante de parkings. Manda cojones, a mi edad, con mi puta experiencia y un mierda como Olmedilla me engaña.


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En Vías de Putrefacción #11


(Penúltimo capítulo de la saga. Para el de ayer, dale un toquecillo a esto)

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La cara del inspector González estaba blanca completamente. Estaba llegando a la casa de Olmedilla, de quien ya sabía que su verdadero nombre era Víctor Redondo.

A la puerta del pequeño piso, un policía algo menudo colocaba el cordón policial.

-Le estaba esperando inspector. Hemos elaborado un informe.

-¿Un informe? ¿Cuánto lleváis aquí?

-Desde hace unas cuatro horas. Alguien reconoció a Olmedilla cuando fue a dejarle la nota a su mesa. La leímos, pero la dejamos allí para que usted la viera.

-¿Y por qué no se me avisó antes?

-Órdenes del comisario, inspector. Además, nosotros también hemos llegado tarde porque fue difícil conseguir la orden de registro… Creo que está usted fuera del caso. Toda la comisaría es consciente del cariño que guardaba usted a Olmedilla.


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