SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

sueño de luna


PRIMER SUEÑO
No sé cómo, pero llegue allí al anochecer, era un bosque de encinos, había una cascada, más bien una catarata muy grande. Yo viajaba con alguien no sé quien, tomamos un sendero que seguía por el borde del rio el cual corría hacia un costado de la cascada. El sendero se fue separando del rio adentrándose en el bosque nosotros lo seguimos, poco a poco se perdió el sonido de la cascada a pesar de no estar lejos, ya solo se oían los sonidos propios del bosque y nuestros pasos sobre las hojas secas.
Llegamos a una hondonada, para cuando  la cruzamos había caído completamente la noche, una noche muy clara. El sendero nos llevo hasta un claro, el claro de habría de pronto y en él, allí en medio del bosque había un cementerio.  A pesar de que alrededor de él había mucha maleza, en el cementerio no crecía nada y se podía ver la tierra seca entre las tumbas. De estas había dos filas, todas con sus lapidas y cruces, todas de color gris, en frente de algunas de mismo tamaño a la tumba, dibujado en la tierra, había un rectángulo cruzado por dos líneas diagonales. Un sendero descendía del otro lado, al comienzo de este había un árbol de tronco esbelto y corteza retorcida, bajo este jugaba una niña.
Le pregunte por el cementerio.
En él están enterrados los niños extranjeros que murieron hace años por la epidemia-me respondió.
Y que significa la figura que tienen en frente algunas tumbas- volví a preguntar.
Su respuesta:
No es por ellos por quien deberías preocuparte, a ellos los acompañan  sus padres que también murieron y están en terrados en ese lugar. En cambio los otros están solos y buscan compania.
En este momento todo se hace confuso lo único que recuerdo es que corría por aquel camino tras  árbol siguiendo a mi compañero, al que nunca le vi el rostro.


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La casa embrujada


Nota del autor

Los acontecimientos narrados en el presente relato se desarrollan en una de las islas pertenecientes al Archipiélago Canario. Asimismo, los principales personajes son autóctonos de esa zona geográfica y, aunque en todo momento he tratado de evitar expresiones típicas del lugar, lo que no puedo obviar —por tratarse de una particularidad muy acusada en la expresión oral y escrita—, concierne a la sustitución de la segunda persona del plural «vosotros», por la tercera «ustedes».

Dicha característica se produce con independencia del nivel cultural y grado de amistad  que poseas. De ahí que todos los protagonistas utilicen ese giro idiomático cuando emplean, exclusivamente, la segunda persona del plural.

En consecuencia, me he permitido la licencia de incluir esta singularidad porque, de no hacerlo así, los diálogos resultarían poco creíbles.

 

La llegada

 Isla de Fuerteventura, julio de 1981


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El aterrador jersey errante: segunda parte


Me flaqueaban las piernas y tardé algo más de lo normal en volver a la habitación. La llama de la velita que llevaba en la mano temblaba por la corriente y en el pasillo se oía cómo las gotas sonaban en las ventanas de las habitaciones como insectos golpeando contra un parabrisas.

La puerta de mi habitación estaba entornada, aunque no recordaba haberla cerrado en mi anterior huida, así que la tuve que empujar con el cuchillo jamonero. Vi un relámpago a través de la ventana y una silueta sobre mi cama.

Creo que me quedé de piedra o algo así, porque comencé a mover la boca y los brazos como si fueran de madera. Encima de mi cama y mirando hacia la ventana estaba el jersey de rayas blancas y azules que me había puesto esa misma mañana. Sí, sí, lo he dicho bien, estaba levantado y mirando hacia la ventana en posición contemplativa.


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El aterrador jersey errante: primera parte


Mierda, esto no debería estar pasando, no puede estar pasando. Pero aquí estoy, sentado sobre una cornisa y al borde del vacío. A punto de tirarme para acabar con mis sesos esparcidos por la acera, al lado de un cartel de Colgate. Sé que no es un final digno, pero yo no soy un caballero Yedi y las cosas, bueno, mejor dicho esa cosa, me  han superado. En fin, empezaré por el principio, por el jodido comienzo.

Era una tarde de esas en las que el aire es espeso y caliente, y el ambiente parece estar esperando o escuchando tus pasos, en medio del sonido de los papeles rodando por las aceras. Iba a caer una tormenta de esas que tienen gotas gordas como canicas y relámpagos púrpuras. El caso es que iba  a caer una tormenta que lo flipas. Yo lo notaba y por eso volvía tan rápido de la facultad.


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El espejo


Uno a uno, los niños fueron pasando a la sala. La puerta era bastante pequeña y estaba muy deteriorada. Daba la impresión de que se iba a desmoronar en cuanto la menearan más de la cuenta. La vieja madera crujía, daba aspecto de que se estuviera pelando y apenas quedaban pequeñas y dispersas manchas de una pintura amarillenta que en otra época probablemente hubiera brillado con esplendor. Las bisagras chirriaban como si fueran a asesinarlas, y el borde inferior de la puerta rozaba levemente el suelo.

La sala, sin embargo, contradecía la anchura angosta que poseía la puerta. Era bastante espaciosa, y apenas había un par de sillas en el medio de ella. Las sillas parecían bastante modernas, con un diseño bastante abstracto. Sus patas se retorcían en extrañas espirales, pero los respaldos eran de una gruesa tela con fibras negras y rojizas. Tenían pinta de no ser incómodas. Aunque, de tan solitarias que estaban ante la inmensidad de la sala, no invitaban a tomar asiento. Sin embargo, la más pequeña de los niños, siempre más despreocupada, se acercó a ellas y se aupó, no sin esfuerzo, para lograr colocarse en la silla de la derecha.


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Entrevista del profesor Crown a Michael Jones, único superviviente en el caso Legion


Desde hacía mucho tiempo Warren ha creído en esas cosas pero nunca ha hablado de ello. Las únicas personas que lo sabíamos éramos Levion, Oliver y yo. Nos enteramos una noche estando en casa de Oliver. No recuerdo exactamente quién sacó el tema, solo recuerdo que el único de nosotros que parecía creer de verdad era Warren.

 

  • ¿Cómo que tú si? Nunca me lo habías dicho.
  • No me gusta hablar de esas cosas.
  • ¿En qué te basas para creer que esas cosas son ciertas? ¿Porqué creer en algo de lo que no te gusta hablar? – Preguntó Levion.
  • Yo no elegí creer. A veces ocurren cosas que por más que lo intentemos no podemos ignorar.

 

Aquello nos dejó desconcertados. Warren parecía estar convencido de lo que nos estaba contando. Después nos dijo que prefería que aquello no se lo contáramos a nadie y así hicimos.


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Kilómetro 666.0 3 de 3


Primera parte

El coche sigue sin arrancar, pero ella lo intenta. Poco después, enciende las luces de cruce, pero no ve nada aparte de los espectros semigaseosos que dibujan los haces de luz.

Pasan varios minutos interminables. Intenta llamar con el móvil, y la luz lechosa que proyecta, le permite ver que la ventanilla del copiloto está totalmente empañada. Ni el parabrisas ni la de detrás, la del copiloto. Sólo la del copiloto. A decir verdad ni siquiera se ha dado cuenta de ese detalle.

Pasa el tiempo llorando, asustada y sin saber qué hacer. No se da cuenta de que la ventanilla del copiloto se desempaña. Mira el móvil. Sin cobertura. Le da al contacto. El coche arranca.

¿El coche arranca?

Abre los ojos como platos y acelera. Pero no controla bien el embrague, el motor da un empujón y el coche se cala.


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Kilómetro 666.0 2 de 3


Primera parte

-Joder, esto es surrealista. –Pone su dedo derecho en el botón y baja la ventanilla del copiloto.

-¡Hola! Perdona que te moleste. –Dice la señora en tono de disculpa. Tiene el pelo grasiento y recogido en una coleta, y no hay maquillaje que oculte sus ojeras y su mirada cansada. – ¿Se ha roto el coche? –Le cuelga un hilillo de baba de la comisura derecha.

-Sí, me ha dejado tirada. –Sonríe con amabilidad.

-¡Ah! Vaya noche, ¿eh? –Se queda pensando. – ¿Tienes un cigarro? Puedo comprártelo. –Su mirada tiene algo ausente, como si por dentro estuviera pensando en otra cosa. Por fuera, la mujer parece frágil y cansada, como una vagabunda. La bata está gastada y llena de churretes de varios colores indescriptibles.

-Nooo, se me ha gastado el paquete. –Para confirmarlo coge el paquete espachurrado y se lo enseña a la señora. –Bueno, ya vienen a por mí. Estoy bien. –La chica sonríe con todos sus dientes pero sin ganas.


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Kilómetro 666.0 1 de 3


El motor del Audi A4 es tan diésel como el que más, pero aún así experimenta la fatiga del paso de los años cuando el pie de la chica presiona el pedal del acelerador, hasta dejar el motor a más de tres mil revoluciones por minuto. Y lo cierto es que ella tiene prisa. Cuando salió de Madrid ya eran más de las nueve y media, ha pasado del día con David, y el camino hasta Segovia es un poco coñazo. Y ella sin cenar. Por suerte, a esas horas ya no hay demasiado tráfico en la autovía y puede ir tranquilamente a ciento cincuenta. Su padre se echaría las manos a la cabeza pero a ella no deja de resultarle divertido.

Reduce y frena con cierta brusquedad, el hip-hop resuena en los altavoces y el coche abandona la autovía para encarar el último tramo de carretera hasta llegar a su guarida. Le espera un tramo de veintitrés kilómetros de curvas y cuestas, que la chica llama con cierta sorna la carretera “Gran Turismo”.


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Recuerdos de Familia Cap 4: El último sacrificio


Todo era oscuridad cuando la puerta se cierra detrás de ellos con suficiente fuerza como para que los goznes de la puerta crujieran en el marco. Unos segundos después sus ojos se acostumbran a la penumbra logra ver lo que parecía su casa en cierto sentido, pero era muy diferente en muchos otros sentidos.

Para empezar el antes corto pasillo hacia la prístina cocina de Roberto ahora parecía extenderse por kilómetros. Y los cuadros de las paredes ya no eran fotos de la familiares  sino que cuando Roberto pasó su mirada sobre ellos, se transformaron en horribles escenas teñidas de rojo: calles empapadas de sangre y lluvia que se la llevaba por las alcantarillas. Miembros humanos desperdigados por doquier y perros que se los llevaban entre sus afilados dientes como si fueran un premio.


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El Asilo – Capítulo 1: Siembra y Cosecha


1.

Como de costumbre el miércoles en la noche, al igual que las noches de los días restante de domingo a jueves, era el horario de chequeo de las citas del día siguiente. La revisión, en primer lugar con su resaltador color verde fluorescente sentado en su pequeño escritorio  fabricado por su padre muchos años atrás, con la compañía infaltable de la clásica agenda de cuero amarillo ocre, regalo de navidad de la tía Martha. Al igual que los últimos siete años en las últimas siete reuniones familiares donde sonreía al tomar el regalo rectangular con aparente sonrisa de sorpresa y decir <<No lo puedo creer!!! Mañana iba a comprar una nueva agenda!!! Me has salvado tía, por eso eres mi favorita>> y proporcionar un gran (y para nada fingido) abrazo a su querida tía. Una persona dedicada a dar regalos muy prácticos pero poco llamativos; aunque escasas, la mayoría de personas como Ricardo preferían esta clase de  regalos, prácticos y poco llamativos.


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SOY UN LOCO


Me he levantado con mucha energía, con ganas de matar a alguien ¿Pero a quien? Bueno eso ya se verá, antes tengo que preparar el cuchillo para el trabajo, estoy en duda entre dos ¿el cuchillo cebollero o el jamonero? Me quedo con el cuchillo cebollero, es el clásico cuchillo de las pelis de terror.
Salgo por la puerta y me encuentro a doña Juana la vecina de enfrente, que se dispone a entrar en su apartamento ¿la mato? Demasiado fácil, una vieja como esta no opondría mucha resistencia, el juego tendría poca emoción. Bajando por las escaleras, me cruzo con la tía más buenorra del bloque, una morena bastante potente ¿la mato? A un monumento así hay que perdonarle la vida.
Sigo escaleras abajo y salgo a la calle, ando despacio para ver el paisaje y encontrar una víctima que sea emocionante. La verdad no hay mucho donde elegir, a esta hora no hay mucha gente caminando. Mejor me voy al parque, allí se está tranquilo y seguro que hay alguien. De camino al parque me encuentro con unos indigentes tirados en el suelo junto a un contenedor de basura, hay tres, dos están tirados en el suelo durmiendo la mona, el otro está sentado en el suelo. Me acerco le agarro por los pelos y le hago un corte en el cuello de oreja a oreja, empieza a sangrar a chorros le suelto los pelos y lo tiro al suelo. Echo a correr en dirección al parque nadie me ha visto. En el parque hay un hombre sentado en un banco leyendo un periódico. Me acerco le pido fuego, el hombre se levanta, me saca su mechero y le clavo el cuchillo en el cuello, el hombre se echa la mano al cuello mientras cae al suelo sangrando. Echo a correr creo que me han visto, corro a toda prisa en dirección a mi casa. Al doblar la esquina me paro cojo aire y miro atrás, no me sigue nadie. Ya es bastante por hoy, me voy a lavarme la sangre y a descansar.


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La Biblioteca – Capítulo 2


Un nuevo día.

Bajo al café de la esquina y pido un con leche y un cruasán. Fuera hace un frío otoñal que va cediendo paso al invierno. Cala hasta los huesos y traspasa la gruesa trenca con que me protejo. El café está amargo y espeso. Un asco.

Cuando termino, voy de camino a una nueva biblioteca. Está más lejos que la que solía ir, pero todo sea con tal de no tener problemas ni encontrarme con más locas adolescentes.

La biblioteca es bastante más grande, y la sala de estudio está repleta de gente. Eso sí, todos en silencio. Busco un asiento algo aislado y saco mis apuntes. Me fijo entonces en que me faltan varias partes, que se quedaron desparramadas en la anterior biblioteca. Me llevo las manos a la cabeza y pienso en todo el trabajo perdido y en que tardaré días en recuperarlo. De pronto, un retortijón me sacude las tripas. Puto café de mierda. Bej… Necesito ir al baño.


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La Biblioteca – Capítulo 1


—Oye, guapa, ¿crees que podrías callarte un poquito?

La chica que se sentaba en la mesa de al lado cerró la boca y me miró con sorpresa.

—Es que eres un poco coñazo, ¿sabes? —le increpé, harto de que hablara tan alto. Ella enrojeció, y me dirigió una expresión de auténtico odio. Su amiga, que estaba frente a ella, y por tanto, a mi izquierda, se me quedó mirando perpleja.

—Perdona, pero no es para ponerse así, ¿vale? —farfulló con voz aguda. Era una cría de apenas dieciséis años, no más. Con pantalones de chándal ajustados y el pelo recogido en lo alto de la cabeza con un coletero rosa muy grueso. En mi cabeza la tenía ya etiquetada como la Poligonera, y a su amiga, a la que había mandado callar, como la Loca Bocazas.


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LA ULTIMA COMUNION


Tenía 8 años y era el día de mi Primera Comunión, estaba rebosante de alegría y tremendamente inquieto, la idea de recibir el cuerpo de Jesucristo en mi interior me llenaba de gozo. También estaba ansioso por probarme ese traje tan bonito, de marinero, blanco con un lazo azul marino que me hacia sentir un ser superior.
La ceremonia alcanzó cotas de emoción difícilmente superables; la liturgia, la devoción general, ese ambiente de fiesta con Jesús y los cánticos arrancó mas de una lágrima, a parte de las mías. Recibí la Eucaristía con recogimiento e hice partícipe a Nuestro Señor de mis mejores intenciones.
Tras el ágape los niños jugamos en un patio trasero con jolgorio. Allí estaba Lazarito, mi mejor amigo, solitario en en un rincón. Con su camiseta amarilla con rayas verdes, callado y tímido como ha sido su carácter y forma de ser desde siempre.
Mi madre vino hacia mi y llevándome de la mano hasta mi amigo me preguntó.
-¿Porqué no os vais hasta el parque los dos a dar un paseo, para que te vea todo el mundo lo guapo que estas con ese traje tan bonito?
La idea me hizo saltar chispas de los ojos. Fuimos hasta el parque riendo y a ratos corriendo para ver quien era mas veloz, me sentía un ser divino y elevado, un héroe poderoso y bendecido. Antes de llegar al parque, había que atravesar un paso a nivel de ferrocarril, no señalizado y con la casualidad de que se acercaba un mercancías hacia nosotros. Paramos al lado de la vía para verlo pasar de cerca. Tenía a mi amigo a mi derecha muy pegado a mi, palpitando de emoción y creo que con un poco de miedo. Momentos antes de traspasarnos la locomotora donde estábamos, sin pensarlo ni saber porque, lo empujé a las vías. Vi su cuerpo desaparecer delante de la máquina pasando a toda velocidad. Cuando se alejó el tren miré desde mi posición sin moverme y no lo pude ver. Corrí hasta mi casa llorando preso del pánico y del arrepentimiento. Cuando llegué allí estaba él, en el sitio que había ocupado antes como si nada hubiera pasado, sin un rasguño, con su semblante habitual. Se que me quedé bloqueado y que me hubo mucha agitación, también que me cayó una reprimenda tremenda de mis padres, y automáticamente el fin de la fiesta. Solo recuerdo de ese momento a Lazarito, marchándose de la fiesta cabizbajo, triste y sin mirarme ni hablarme. Tampoco me hablaría mas el resto de su vida.


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Encerrados


Bueno, el relato de Explorador me llevó a escribir este mini-relato. En realidad no es más que una idea que rondaba mi cabeza, si alguien quiere coger el relevo y convertirlo en algo mejor, que lo haga ahora o calle para siempre. xD

——————————————————–

Otro golpe.

Llevan así semanas. Nos tuvimos que encerrar aqui. Estamos rodeados y esperando una ayuda que nunca llega. Somos cada vez menos, el hambre nos puede. Dix incluso, estuvo a punto de comerse el cuerpo de uno de los caídos el otro día. Parece que estamos perdiendo la razón. A pesar de sus protestas, no se lo permitimos. Eso nos convertiría en gente tan salvaje como ellos. Los que nos aporrean las puertas. ¿Qué es lo que quieren?

Matarnos… seguro…

Cuando levantamos las voces de alarma, alguien me dijo: “Dadles una oportunidad, parecen amistosos”. Pero todo fue una ilusión. Una ilusión creada en la idea de haber encontrado a alguien más en el Universo. Vida inteligente. Miradnos ahora.


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HIELO: QUINTA PARTE


Primera parte
Cuarta parte

Las letras aquí son más difíciles de entender, y el papel está arrugado allí donde cayó alguna lágrima. En uno de los bordes hay una mancha marrón.

Hemos empezado a oír gritos inhumanos en la habitación de las literas. Dressler ha cogido los sedantes, Ana se ha hecho con el hacha y yo me he armado con el revólver naranja de bengalas. ¡Yo tendría que haber cogido el hacha! Yo soy más fuerte, y Dressler tenía la muñeca rota. No podré perdonármelo nunca.

Los gritos eran espantosos, pero a veces me recordaban a la voz de Wolff. Hemos abierto la puerta y…Había sangre en las paredes, en el suelo y en las literas. La luz era tan escasa que las manchas eran de color negro. Wolff estaba de pie, con algunos cinturones colgando de sus brazos, golpeándose torpemente contra la pared, una y otra vez. Le chorreaba sangre de la boca y tenía la cara deformada por los golpes.


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HIELO: CUARTA PARTE


Primera parte

Tercera parte

23 de enero

Anoche volví a escuchar ruidos en el pasillo oscuro. Como si alguien estuviera arrastrando algo. Preferí taparme con la manta y seguir durmiendo. ¿Me estaré volviendo loco?

La bacteria tiene un comportamiento extraño. Es capaz de crecer a muy bajas temperaturas hasta que encuentra a un hospedador. Después cambia su comportamiento y crece muy rápidamente. Nunca habíamos visto algo así. Su composición química es peculiar. Ana dice que podría tratarse de un microorganismo alienígena, que hubiese llegado desde el espacio en un meteorito. Yo opino que es un fósil viviente. No hay forma de comprobarlo.

Hemos metido el paquete con la Wolffelia y todos los datos que hemos recopilado en el montacargas. Tendremos que esperar a mañana para subir, porque están preparando un equipo de desinfección. ¡Como si no hubieran tenido tiempo! Si no me sacan de aquí, me volveré como uno de esos ratones. He tenido que meterlos en dos bolsitas de plástico y tirarlos en el contenedor de residuos biológicos.


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HIELO: TERCERA PARTE


Primera parte
Segunda parte

15 de enero

Los días son agotadores. Apenas dormimos aquí abajo. Trabajamos tanto como podemos para acabar lo antes posible. Hoy Jan se ha desvanecido mientras trabajaba en la campana y se ha cortado con los cristales de un matraz, a pesar de los guantes plásticos. Nos ha suplicado que no le subiéramos con los enfermos. Se ha lavado la herida y se ha echado a dormir, entre lágrimas. Isaac le ha administrado un sedante y le ha subido a observación. Ahora somos cinco. Ya no podré hablar español con nadie. Bueno, quizás con este diario.

Estoy en mi litera y no puedo dormir. Casi puedo notar en las paredes la presión del hielo. El metal cruje y me llegan amortiguados, de vez en cuando, golpes y lamentos en el piso superior. ¿Cómo estará Jan? Mañana hablaré por radio con Marta, esos cabrones no tienen motivos para restringir las comunicaciones.


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HIELO: SEGUNDA PARTE


Primera parte

Semana 4

-No estamos seguros, pero parece que se transmite por vía aérea. -Con unas pocas palabras en perfecto inglés, Larsson, el noruego al mando de los equipos científicos del “Polar Star”, lanza un jarro de agua fría a todos los presentes, apiñados en torno a una modesta mesa de reuniones. Fuera, la ventisca aúlla y zarandea la triste silueta del barco atrapado por el hielo.

Larsson rompe el incómodo silencio y continúa. -Gracias al trabajo de Aly –La bióloga asiente al ser mencionada- hemos descartado la transmisión vía agua o alimentos. Al parecer la patología se hace evidente primero en el sistema digestivo en forma de pequeñas hemorragias internas y diarrea, pero después afecta al sistema nervioso…Estamos trabajando en mejorar el aislamiento de los enfermos y en la protección del personal sanitario. -El hombre se levanta y mira a los presentes con gravedad. –Tendremos que establecer medidas de cuarentena. Jhon os dará los detalles. -Larsson abandona la sala apresuradamente para entrar en un aseo.


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