A la hechicera no la dejarás con vida

     

       

       El sol del mediodía brilla con fuerza en el cielo diáfano, en el que se recortan, a lo lejos los picos nevados sobre las verdes colinas del valle. Atada de pies y manos al poste donde minutos más tarde será quemada viva, la muchacha vuelve sus ojos al cielo. Una brisa tibia acaricia su rostro. Ella cierra los ojos e inhala suavemente el intenso perfume de la primavera. Al abrirlos el reencuentro con la realidad es cruel. La multitud que poco a poco fue congregándose alrededor de la hoguera, clama a viva voz por ver concretarse el siniestro espectáculo. El párroco de la capilla que es a la vez inquisidor y testigo, y fiscal y defensa se acerca empuñando su crucifijo.

 

    -Arrepiéntete ahora, y al menos no sufrirás la condenación eterna- susurra al oído de la joven.

 

    -No tengo de qué arrepentirme- dice, y su voz es apenas un débil murmullo- No he hecho nada malo.

  

     El cura se aparta bruscamente de la muchacha cual si fuese el demonio mismo, y abrazado a su cruz vocifera:

   -¡Irás al infierno, réproba!, mientras se apresura en encender el fuego bajo los pies de la joven.

     Apenas ha salido de la adolescencia. Su rostro enjuto evidencia los maltratos sufridos en las últimas semanas. Se la ha acusado, junto a otras seis muchachas, de practicar la brujería. Ellas son las culpables de los males que desde hace un tiempo asolan a este pueblito perdido entre las montañas. Ellas embrujaron a hombres honorables y los llevaron a la perdición, produjeron abortos espontáneos en jóvenes madres, trajeron la peste al pueblo y  arruinaron las cosechas. Hay quienes las han visto concurrir a los aquelarres que se celebran más allá de las montañas, donde alaban a Satán ofreciéndole cuerpo y alma. A base de torturas les han arrancado una confesión. Se declararon culpables. Entre ayer y hoy han sido quemadas vivas en la hoguera. Ella es la última. 

      La paja comienza a arder. De pronto, el cielo comienza a oscurecerse. Un fuerte viento se levanta y excita el nerviosismo de los animales presentes. Perros y caballos aúllan y relinchan embravecidos. En cuestión de minutos, el sol radiante del mediodía da lugar a la oscuridad total. Se ha hecho la noche sobre esta aldea. El pánico se desata entre los concurrentes. ¿Será un mensaje divino? En medio de la confusión, entre gritos y corridas cada quien busca salvar su propio pellejo.

      Un momento más tarde el cielo se abre y ya todo ha pasado. No queda nadie en torno a la hoguera. Todos corrieron a refugiarse. Todos menos uno. Es el cura, que ahora se encuentra atado de pies y manos al poste. Bajo sus pies el fuego arde y se propaga velozmente. Grita desesperadamente implorando piedad,  pero nadie lo oye.

    De la muchacha no hay rastros. Sólo se escucha el eco de su risa redentora resonando entre las laderas del valle.

    Al párroco, principal artífice de esta cacería, le remuerde la conciencia. Pero ya es tarde para arrepentimientos: su existencia se consume en llamas. Nadie ha venido a salvarlo. 

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3 Comentarios

  1. por Pequadt publicado el 03/09/2008  10:48 Responder

    Vaya, este relato se merece un 10. Has vuelto pisando fuerte :)

    La parte que más me ha gustado es el primer párrafo (en realidad todo me ha gustado casi por igual), puesto que haces unas descripciones excelentes.

  2. por Flor publicado el 04/09/2008  04:44 Responder

    Muchas gracias :D

  3. por champinon publicado el 29/09/2008  18:54 Responder

    Si, la verdad esk kreo k es de tus mejores relatos, grandes descripciones, giros inesperados y sobretodo tengo la sensacion de que es el relato que mas te ha gustado escribir,... (de los que he leido hasta ahora,... voy en orden)

    Me ekivoco?

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