Debilidades

Las cuatro de la mañana. El humo revenido en los pulmones y los pies congelados. Bostezo mientras Lulú se deja ir sobre la mesa de cristal de su salón. Estornudo. Vuelvo a bostezar mientras ella se ajusta un vestido negro sin bragas por debajo, para él, aunque ella no lo sepa todavía. El final siempre es el mismo, la que he cambiado soy yo, pero eso Lulú tampoco lo sabe. Ni Malena lo sabe, aún así, siempre me deja leerla llorar y sentirla luchar entre tinta y calles de Madrid, blanco y rimel de fondo. Tengo la estúpida manía de enamorarme de los personajes, de inventarme su voz y esconderme en su eco los domingos por la mañana. Sick Boy gritaba tan fuerte desde las viejas vías de Edimburgo que no tuve mas remedio que enamorarme de él. Aunque en Porno descubrí que Renton hubiera sido mejor partido, siempre nos colgamos de los chicos malos, yo lo sabía por Diane. Y Diane hubiese caído rendida a los pies de Tyler Durden, todas lo haríamos en realidad, pero ellos dos hubiesen congeniado. Ella le susurraría al oído que dentro de poco solo quedarán gilipollas a nuestro alrededor, él, satisfecho y lleno de orgullo la besaría mientras la ciudad se cae sobre sus propias ruinas. Mientras tanto, el Principito trapichearía con Burroughs alguna gelatina, cansado de oír fornicar a Chinaski y Melissa P. Aunque nunca sabrá que lo único que ella quiere es que Henry le peine su larga melena mientras le cuenta como una vez una vieja puta le robó todos sus poemas. Wiston Smith sonreiría feliz viendo triturado a escombros al Gran Hermano, aunque en el fondo de su engañado corazón sentía pena, todo era tan cómodo cuando pensaban por ti. Así que Ignatius J. Really no tendría mas remedio que pegarle dos hostias llenas de geometría y buen gusto e inyectarle idealismo en vena con la ayuda de un tal Pablo Miralles, que le había caído sorprendentemente bien. Salman Rusdie por fin podría escribir sin censura, pero se había quedado sin lectores, y los versos satánicos habían ardido en la hoguera de las vanidades del mundo. Un descapotable rojo perseguía el sueño americano para atiborrarlo de éter y peyote y dejarlo morir de miedo y asco en una isla llena de niños malcriados y moscas. Luego, Boris Vian, escupiría sobre su tumba y le leería algo de Benedetti o de Rafael Coloma tocando una guitarra demasiado desgastada por el rencor. A mi, solo me quedaría esperar al chico de la moto, especialista en causas perdidas como yo.

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4 Comentarios

  1. por misterwolf84 publicado el 11/12/2008  19:29 Responder

    Encajar en una misma frase el señor de las moscas y miedo y asco en las vegas es algo digno de mención..

  2. por newowen publicado el 16/12/2008  12:20 Responder

    Caxo personajes! y que manera de unirlos! denota un nuvel tremendo
    mucha cultura.

    En Cuanto al Sr. Durden, él escribirá los relatos que nosotros siempre quisimos escribir...pero estoy seguro que éste le hubiera gustado escribirlo a él.

  3. por newowen publicado el 16/12/2008  17:23 Responder

    Ah se me olvidaba, ¡viva el peyote!
    XD que lo ponga alguien en un relato tambén es digno de mención
    como dice misterwolf84

  4. por newowen publicado el 16/12/2008  17:24 Responder

    Ah se me olvidaba, ¡viva el peyote!
    XD que lo ponga alguien en un relato tambén es digno de mención,
    como dice misterwolf84

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