Recuerdos del futuro

Volví a despertarme bañada en sudor, con amargor en la boca y calambres en la espalda. Me faltaba el aire, por lo que corrí a conectar el purificador de oxígeno. Saqué de la despensa el depósito de agua correspondiente a ese día y lo coloqué en el distribuidor que llevaba el líquido elemento a todas las tomas de la casa. Me dirigí al cuarto de baño, me ardían los ojos. Coloqué un cuenco dentro del lavabo para no malgastar ni una sola gota. Abrí un poco el grifo y me mojé las manos con el fino hilo de agua. Las puse sobre mi cara. Cerré la llave y repetí la acción con lo que había quedado en el cuenco. Me sentí mejor. Me acerqué al sillón que había junto a la ventana y observé tras el cristal el bullicio de la urbe. El panorama era desolador, peatones que caminaban como si de un ejército se tratase, rostros ojerosos e inexpresivos escondidos bajo las mascarillas, ruido de bocinas resonando en los enormes coches, policía en cada esquina guardando que nadie destacara entre la multitud, edificios ruinosos junto a grandes rascacielos de impresionantes diseños arquitectónicos y un cielo gris en el que apenas se veía el sol…

Cerré los ojos, con mucha fuerza, y de pronto todo se desvaneció, me desvanecí.

Volví a despertarme bañada en sudor, con amargor en la boca y calambres en la espalda. Un rayo de luz incidía sobre mi rostro. Me levanté. El aire estaba algo cargado. Me acerqué a la ventana y observé el bullicio matinal. Ruido de motores, humo, obras de alcantarillado en la esquina de enfrente y una multitud caminando cual hormigas hacia su centro de trabajo. Sonreí. Empecé a sentirme mal, mi estómago chillaba violentamente, pero antes de poder ofrecerle algo para que se calmara…

Todo se desvaneció, me desvanecí.

Volví a despertarme bañada en sudor, con amargor en la boca y calambres en la espalda. Aturdida miré a mi alrededor. No había nada. Nada. Estaba tumbada en medio de una habitación blanca, enorme. Una celda diáfana, sin puerta ni ventana. Intenté recordar cómo había llegado hasta allí. Sentía una fuerte presión en el cráneo, como si mis recuerdos golpearan fuertemente mi cabeza intentando salir. Me senté encogida en un rincón de la estancia, abracé mi cuerpo desnudo y me golpeé contra las paredes. Recuerdos pasaron ante mis ojos, diapositivas terribles: Guerras, muerte, dolor, gritos, abandono, hambre, represión, dinero, incendios, calentamiento, sequía, terremotos, inundaciones…GUERRA, MUERTE, DOLOR, GRITOS, DESESPERACIÓN, IMPOTENCIA.

Supe por qué estaba allí, no había muerto. Me escapé del destino que elegí cuando cerré los ojos y salté. Conforme veía pasar los pisos que iban quedando tras mis pies más segura estaba de mi decisión. Me había culpado de la irresponsabilidad humana. No quería vivir en un mundo tan degradado. Escocía en mis recuerdos. NO.

¿Pero…dónde estaba?

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3 Comentarios

  1. por Zilniya publicado el 20/01/2009  19:58 Responder

    Muy fuerte, muy impactante... Da mucho qué pensar...

  2. por DonGato publicado el 02/02/2009  21:03 Responder

    La verdad es que es un relato que impresiona (para bien). Pero me ha dejado mal cuerpo xD

  3. por newowen publicado el 09/02/2009  08:53 Responder

    Me ha gustado mucho!
    Al principio me ha recordado a "Atrapado en el tiempo" (Biembenidos al dia de la marmota XD) Pero tiene poco o nada que ver, aunque mis sinapsis mentales son asi, raras.
    Bueno eso que muy bien, como describes cada desvanecimiento te hace sentil la incorporeidad y que la protagonista no tiene control.

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