La ola final

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Abro los ojos y todos mis compañeros se han marchado. La clase está llena de polvo y ceniza. No hay nadie más que yo, pese a que puedo oir muchos latidos de corazón. Corazones que no son el mío, suenan como un reloj, como una cuenta atrás que no se detendrá: 3, 2, 1… una gran explosión. El aire se torna en un maravilloso color rojizo que inunda mi alma, después no se escucha nada. Noto que sólo tengo un oido, el otro se deshace entre mis dedos al tocarlo, no queda ningún rastro de lo que una vez hubo allí.

Mi razón se ve sobrepasada, no comprendo qué ha podido ocurrir, sé dónde estoy, pero no cómo he llegado allí. Tengo por primera vez ganas de gritar, ganas de romper mi garganta cantando al abismo donde un lobo aúlla a la mar y las gaviotas le sacan los ojos al último niño espartano que no debió nacer. Sin embargo, mi voz quebrada sólo dispensa un hilillo de sangre cobriza, de sangre aguada e impura.

De repente, un escalofrío recorre mi espalda. Consigo, no sin cierta dificultad, despegar un pie del suelo. Mil venas creo que han estallado en mi interior, estoy sudando sangre, estoy vomitando sangre sin ganas. Tengo la pierna cubierta de una masa coagulosa negra, la otra pierna no la puedo sentir. La otra pierna parece un trozo de arena mojada que se deshace a la orillita del mar, castillitos de arena que sucumbieron a la tempestad. Empiezo a comprender que este es mi final y mil recuerdos, tal vez fingidos, inundan una masa gris que huye por la gran grieta que atraviesa mi cráneo. Esos recuerdos, esa añoranza, hace surgir lo que en otro momento hubieran sido lágrimas, ahora son ácidos que desfiguran por completo mi rostro.

Miro hacia la ventana, veo los edificios derrumbados, puede que disueltos en el cielo nebuloso de un color que no acierto a adivinar, puede que no esté preparado para ver el color de la muerte, puede que en realidad nunca haya visto nada hasta este momento y por eso me duelen tanto los ojos, puede. Lo siento venir, veo el polvo que hay en el asiento de al lado y comprendo que son los restos de mi amigo. Comprendo que dentro de poco yo seré el mismo polvo, y juntos nos disolveremos en el tiempo y en el espacio, pronto seremos al fin polvo que en polvo se convierte. Llega la ola final.

Alberto Serrano Martín

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5 Comentarios

  1. por Lascivo publicado el 29/03/2009  10:24 Responder

    escribes muy bien, pero quizás el detalle de la auto-publicidad sobra

  2. por newowen publicado el 29/03/2009  13:59 Responder

    Si, casi haces que parezca hasta bonito algo tan terrible.
    Como si fuera rodado a camara lenta y con musica clásica.

  3. por ameliemelon publicado el 29/03/2009  19:55 Responder

    este relato me ha parecido mas frio... a pesar de que tiene una fuerte carga sentimental, el otro me llego mas hondo.
    aun asi, estoy de acuerdo con newowen en que has conseguido algo "terriblemente bonito" xD


    amelie...

  4. por Zilniya publicado el 01/04/2009  23:17 Responder

    La terrible belleza del instante final... Pero me quedo con la duda de qué lo ha provocado: bomba nuclear, ataque extraterrestre, agujero negro, meteorito...

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