Plan Maestro (Parte 2)

Segunda parte del prólogo de Plan Maestro.

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Prólogo – Adiós

2.

-Lo siento macho -respondió Julio mientras se quedaba absorto mirando el fondo de la pinta -aveces tengo la
sensación de que hay mucho “yos”.
-No tío, tu eres único -Gabriel entendió que su amigo estaba en la famosa fase de la borrachera llamada ‘El Bajón’,
donde el sujeto empieza a decaerse progresivamente y de vez en cuando le da por hacer conjeturas filosóficas.
-¡Tío! Hablo en serio -en su pronunciación la borrachera era evidente, y aún le tenían que servir otra pinta de su
mejunje favorito -tengo la sensación de que esto ya lo he vivido, pero no yo, sino otro ‘yo’ mío.
-No te sigo -exactamente no es que Gabriel no supiera de lo que hablaba su amigo, es simplemente que tenía
mil formas de interpretar esa frase generada por ‘El Bajón’.
-Es como si hubiera miles -pensó un segundo -millones de ‘yos’, y cada ‘yo’ ha elegido de diferente manera en su
vida -levantó la pinta vacía, antes de seguir, en un gesto que cualquiera interpretaría como una amenaza -¡Mi vida!
Cuando yo escogí dejar los estudios, otro ‘yo’ mío decidió seguirlos. Cuando yo decidí vivir por mi cuenta, otro ‘yo’ mío escogió seguir viviendo con papa y mama. Así sucesivamente en cada decisión de mi vida.
-Si piensas eso es porque tienes remordimientos de algo que hiciste -a Gabriel le empezaba a parecer toda la escena
muy surrealista. Su amigo tras beber tres pintas aquella bebida, se transforma en un parapsicólogo hablando de los
senderos ocultos de la vida.
-¿No me escuchas? Yo no lo pienso, simplemente lo siento.
-Muchas veces el subconsciente es así, exterioriza sentimientos ocultos en ti -explicó Gabriel. Había tenido charlas
con compañeros de universidad y había visto varios documentales sobre el tema. En uno de ellos a un tipo le convencieron por medio de la hipnosis de que una simple moneda estaba al rojo vivo. Al rato al tipo le salió una ampolla considerable, como si la moneda realmente hubiera quemado su piel. El tema del subconsciente era algo que a Gabriel le fascinaba y le asustaba a la vez, pues siempre le llevaba a pensar en la muerte y el más allá.
-Me conozco lo suficientemente a mi mismo para saber que lo que siento es real -el tono de las palabras de Julio
hacían que no tuviera mucha credibilidad.
-No te lo niego, pero cada uno tiene su opinión.
-Esto es real, te lo digo de amigo a amigo -dijo Julio mientras cogía la mano de Gabriel. Estaba actuando como si
de una película se tratase. Gabriel suponía que en la mente de su amigo vocalizaba bien, los focos iluminaban la escena, la música de fondo sonaba para ambientar y lo que decía estaba sacado de un guión de la película del año. La verdadera escena era bien distinta. Por mucho que su amigo defendiera que controlaba su mente, ahora mismo estaba viendo las cosas como su mente quería que las viese. Más bien el alcohol.
-Vale, no te emociones -dijo Gabriel al tiempo que se soltaba de las manos de su amigo. Cualquiera que los hubiera
visto sentados allí cogidos de la mano pensaría cualquier otra cosa -entonces dices que tuviste un ‘Déjà Vu’.
-Si -Julio esperó a que el camarero terminara de servirle su nueva fuente de sabiduría en forma de pinta llena de
‘Snake Bite’ para continuar -, pero con la sensación de que esto ya lo he vivido muchas veces, y en cada vez elegí de forma distinta. No sé si me explico.
-No te pillo muy bien.
-Tenía la sensación de haber vivido esta escena al menos una veintena de veces, pero las cosas no ocurrían exactamente como lo están ocurriendo ahora. En esos extraños ‘Déjà Vu’, me recuerdo a mi mismo teniendo esta misma sensación, como si mi vida se estuviera repitiendo infinitamente y siempre en ese punto algo saltara en mi cabeza que me hacia pensar: “esto ya lo he vivido”, pero cada vez que vuelvo a vivir esa escena, es de manera diferente, con diferentes elecciones y decisiones.
Gabriel guardó silencio. Había leído en alguna parte que los ‘Déjà Vu’ estaban provocados por un fallo del lóbulo temporal, pero no iba ser él quien le quitara la ilusión a su amigo. Notaba que Julio iba ganando vocalización a medida que contabas sus teorías sobre universos paralelos, cosa que le daba malas vibraciones.
La escena fue interrumpida por la llamada de un teléfono móvil.
-Recuerdo que otro ‘yo’ mío, decidió no coger el teléfono, ¿Por qué? Cuando un teléfono suena hay que cogerlo. Gabi ¿Qué hago?
-Déjate de gilipolleces y contesta la maldita llamada.

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