Plan Maestro

Resumen: Un hecho trágico marca la vida de un grupo de amigos. Sus vidas continuaron afrontando la realidad pues «el
tiempo todo lo cura», incluso la perdida de seres queridos. Pero alguien tiene un plan maestro, en el que todos somos
piezas de una misma máquina.
Historia larga que iré subiendo trozo a trozo si tiene aceptación.

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Prólogo – Adiós.

1.

Julio miró una vez más la pinta llena de bebida alcohólica. Estaba de celebración, así que hoy se le perdonaban todos los
excesos. Llevaba horas hablando con Gabriel y notaba que cuando más borracho estaba más le quería, hasta el punto de
abrazarle varias veces sin motivo alguno. Gabriel por otra parte intentaba establecer una conversación que tuviera contenidos,
pero pronto desistió de sus esfuerzos e intentó alegrarse con su amigo. El local era bonito, de estilo Irlandés,
todo de madera y muy bien ambientado. Los camareros iban uniformados y se paseaban constantemente entre las mesas.
-¿Os pongo otra? -el camarero preguntó a los dos amigos sentados en una de las mesas. Gabriel imaginó que esto
era normal en los locales de hoy en día, los camareros están al acecho y tienes uno a tu lado cada vez que tu copa se vacía.
-No, a mi no -un pequeño golpe por su parte al negocio de los bares y la bebida. Quizás si el camarero no le hubiera
acosado de esa manera tras dar los últimos tragos a su Pepsi, hubiera pedido otra.
-A mi póngame otro ‘Snake Bite’ – la contestación de Julio sonó a oídos de Gabriel como la que le da un hijo a una madre.
Mientras pronunció la frase trató, por alguna razón, de esconder su notable borrachera, y estaba seguro de que si el
camarero le llega a decir “¿Otra vez has bebido?”, Julio respondería con alguna excusa que se le da a las madres del tipo
‘No, es algo que me ha sentado mal’.
-Tío, te invito yo, pide algo si quieres -le susurró Julio al marcharse el camarero. Gabriel negó con la cabeza
mientras meneaba su vaso lleno de hielos y sin nada de bebida. No le apetecían mas gases en su cuerpo -Venga va, ¿Qué
hostias te pasa? Estas muy serio, ¿No te alegras por mí? -a Julio le acababan de hacer jefe de ventas en una tienda de
telefonía. En definitiva se trataba de trabajar más horas y con más responsabilidades, pero lo que motivaba era el aumento
de suelo. Trescientos euros se notan en el bolsillo y más cuando tienes un piso que pagar todos los meses.
-Que no, joder -Gabriel intentó sonreír para contentar a su amigo -Es que no he tenido buen día, supongo -añadió
intentando justificarse.

Cuando te dan las notas de lo exámenes y suspendes cuatro asignaturas de siete, sabiendo
que estas en una universidad privada a cuenta de tus padres, no pasas por un buen momento. Esa misma tarde Gabriel
estuvo esquivando a sus padres a toda costa y que Julio le llamara para celebrar su ascenso fue una puerta abierta para
mantenerse fuera del alcance de sus padres, al menos por hoy. Estaba asustado y tenía la extraña sensación que en cualquier
momento las puertas del local se abrirían para dar paso a su padre, vestido con su típico chaquetón de plumas que
siempre se ponía para ir al trabajo y preguntando al camarero “¿Ha visto a mi hijo por aquí? Es un chico de veintidós
años, moreno, con media melena, barba de tres días y de aspecto preocupado. Me tiene que decir sus notas cuatrimestrales”,
y también imaginaba el camarero respondiendo mientras señala con su dedo acusador “Si, el padre del niño agarrado
que no le echamos del local porque su amigo, el borracho a su lado, aún sigue consumiendo como un poseso. Está
allí, ¿Voy afilando los cuchillos?”.

Víctor Manuel Sala.

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