El Marchitar De La Rosa – ¡Tengo que lograrlo!

Ya ha pasado una semana desde que Kitsune volvió al entrenamiento, hay lago en el que me hace sentir alegre, él es un chico ejemplar; ha mejorado considerablemente su estilo de pelea. Él me pide que le enseñe a manejar un arma, lo cual puede ser peligroso, no para si mismo, si no para otras personas, al fin y al cabo el es un chico todavía. Lo llevaré a la celebración de solsticio de ocaso, así podrá relajarse y salir un poco del entrenamiento.

A pesar que la feria del pueblo es muy alegre, Kitsune no se siente muy a gusto con la invitación, parecemos hermana mayor con su pequeño hermano, cosa que no le agrada mucho. Ya es medio día y Kitsune aún no se ve feliz, sus pensamientos son algo que jamás comprenderé, pero se que es un buen muchacho, y le irá bien en la vida.

– Kitsune, que tal si vamos a los juegos, quizá ganes un pez para tus hermanitos. –le dije con una sonrisa coqueta.

– No gracias. –me dijo muy serio mirando al suelo.

– ¿En que piensas ahora?

– No es nada de verdad, nos divertiremos ya estamos aquí entonces vamos a los juegos. –mientras se adelantaba a jugar en una tienda.

Este chico es impredecible, no se que piensa, no se si sea yo quien le tenga de esa manera, solo se que es con el asunto del asesino de la rosa, no le he contado sobre lo que me pasa, no le quiero contar sobre mi espada porque eso lo perturbaría. Mejor pasemos este día sin complicaciones, así podremos olvidar esto.

Pasamos por muchas tiendas, recorrimos todo el lugar estábamos felices de estar ese día allí, hasta pensé en que jamás se terminaría ese día, hasta alcance olvidar que yo soy el asesino de la rosa, todo estaba yendo muy bien cuando empieza el ritual de solsticio. En un papel amarillo se colocan los deseos se bendicen en el templo con el monje y después en barquillas de madrea se ponen a quemar los papeles dentro de una lámpara, así se dejan deslizar lentamente en el agua y que Buda las reciba. Sin embargo cuando veo la gente acercarse al lago noto que Kitsune no estaba, decidí ir a buscarle primero para poner nuestros deseos juntos a la vez así quizá los nuestros serian leídas casi al mismo tiempo por Buda.

llegue hasta el templo mientras el sol se ponía, pensé que él estaría allí todavía, pero no estaba, le busque por todos lados y no le encontraba, llegue a preocuparme y sin más deje mi barquilla cerca al templo y Salí del lugar a buscarle. De repente escucho unas voces, una de ellas se me hacia familiar, si es Kitsune y esta en problemas. En el instante me cubrí la cara con el kimono, y me oculte detrás de un árbol, estaba Kitsune con el vendedor de la otra vez, quise salir a defenderle pero el no es un chiquillo llorón, ya no lo es, así que espere unos minutos.

– Lamento haberle robado señor, mis hermanos tenían hambre y somos pobres, conseguí este dinero para pagarle lo de esa vez. –le dijo con voz muy triste.

– Chiquillo estúpido, no sabes que eso ya no me importa, quiero venganza no de ti si no de ese entrometido que te salvo, y se que tu le conoces si no me dices te mueres aquí mismo.

– Lo siento señor no se de que me habla yo solo quiero pagarle lo que le debo.

– No me salgas con eso ahora si no me dices date por muerto.

Cuando veo el hombre saca un cuchillo, pero Kitsune no se ve para nada perturbado, no es el mismo de antes lo se. Decidí quedarme a ver que pasaba, Kitsune quería razonar con él pero el hombre perdía la razón y le ataco, Kitsune solo lo esquivaba sus movimientos eran precisos y a tiempo, me sentí orgullosa, cuando Kitsune decide atacarle pensé que ya terminara la riña. Sin embargo Kitsune le arrebata el cuchillo y lo tira al suelo, sentí esa sed de sangre que tanto me atormenta pero esta vez en él. Lo quise de tener pero el soltó el cuchillo, y le dejo el dinero en su bolsa, miro ese espíritu del fuego en él y me siento feliz. Mientras lo miraba escucho a Kitsune decir ¡tengo que logarlo! una y otra vez como si algo le faltara.

Volví rápidamente por mi barquilla, y le veo a el con la suya, le grite para que me viera y así nos fuimos juntos a dejar nuestros deseos. Mi deseo es que los chicos como Kitsune sean protegidos y que nunca pasen por lo que pasan los hombres comunes, que él no pase por tanto dolor como el que yo pase.

– ¿Quieres saber que deseo pedí? –dice Kitsune con voz temblorosa.

– No, no importa es tu deseo, no tienes que contarme nada Kitsune. –le dije como si realmente no me importara

– No, te lo diré de todas maneras, por que es en lo que he estado pensando todo el día.

– Bien dime, ¿que es? –le preguntaba mientras miraba al cielo estrellado.

– ¡Tengo que lograrlo!, tengo que proteger a mis hermanos, que ellos no pasen por lo que yo he pasado, que no sufran más los niños que nada tenga que ver con los problemas de los adultos, deseo la paz para Japón. – me decía mientras miraba el cielo estrellado, mientras las lagrimas se dejaban caer por su rostro.

Una vez mas supe que el era un chico especial, y que alguien como el no podía perderse en los problemas de los adultos, jamás dejaría que a él le pasara nada malo. Miraba y contemplaba las barquillas de las personas hundirse poco a poco, espere hasta que las barquillas de Kitsune y mía se hundieran también.

2 Comentarios

  1. por Zilniya publicado el 16/06/2009  08:58 Responder

    Ohhhhh!! Qué bonito! Permites un descanso de las escenas de lucha para ofrecer una muy emotiva. La costumbre japonesa de pedir deseos está muy bien narrada!

  2. por Ninetales publicado el 16/06/2009  17:40 Responder

    Hey Gracias, participare en el concurso de Terror, asi que espera una o dos ovas de esta historia pero con mucho terror JEJEJE.

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