¡Haz qué se callen! 4º

El hombre trajeado perdió su mirada en el horizonte, ignorando a Daniel. Su boca estaba totalmente abierta y de ella caía baba mezclada con sangre. Pasaron unos segundos de silencio.

Alberto se acercó lentamente a la escena con temor. Con cada paso su corazón se aceleraba sin control. Daniel, tirando en mitad de un charco de sangre, se arrastraba cautelosamente hacia atrás alejándose del tipo. Cuando ambos se encontraron, Alberto ayudó a su compañero a ponerse en pie y sin perder de vista al hombre se alejaron varios metros. ¿Por qué aquel «paranoico» de pronto les inspiraba tanto terror? 

Plantado en mitad del cruce, el «paranoico», seguía con su mirada perdida en algún punto en la lejanía.

-¿Qué mira? -irrumpió Alberto.

-Voy a volver a comprobar una cosa.

Daniel reanudó la marcha hacía el tipo trajeado cuando un brazo le detuvo.

-A ver, ¿Estás tonto? -preguntó Alberto.

-Es un tipo con traje, loco, herido y en estado catatónico ¿Qué me va a hacer? ¿Pegarme? ¿Escupirme? -contestó Daniel -. No tiene un arma, no tiene superfuerza, ni superpoderes.

Las palabras de Daniel transmitían seguridad pero no para Alberto que había sido testigo de como su compañero se arrastró huyendo del «paranoico» con el rabo entre las piernas.

Cuando estuvo cara a cara con el tipo del traje, Daniel tardó unos segundo en reaccionar. Las pupilas del sujeto estaban dilatadas por completo asemejando sus ojos a los de un animal. Se acercó con desconfianza hasta poner su oreja en la boca abierta del «paranoico». El hedor a sangre y heces era notable.

-¿Qué haces? -preguntó Alberto con un grito a cierta distancia.

Daniel mandó callar con un gesto con la mano. Prestó atención y agudizó el oído. Desde la boca del hombre se podía oír un zumbido parecido a una frecuencia de radio. Era constante y se repetía una y otra vez. ¿Qué cojones le estaba pasando a esta gente?, pensó Daniel, primero lloran y gritan intentando abrirse la cabeza y ahora se transforman en transistores sin voluntad. Buscó con la mirada la canica metálica, la recogió y, sin examinarla, la guardó en el bolsillo. No era el momento, aún no.

Alberto miraba fijamente la escena cuando escuchó la primera arcada. Bordeó el coche para encontrarse al niño tirado en mitad de la acera intentando vomitar. Rápidamente agarró al crío de las axilas para ponerlo en pie, pero al hacerlo el niño expulsó una enorme cantidad de sangre que salpicó por completo a Alberto. Con cuidado acostó al niño de lado sobre el asiento del copiloto del coche. Fuera lo que fuera lo que le ocurría al hombre trajeado también le estaba ocurriendo al niño.

Daniel llegó justo a tiempo para ver la segunda tanda de arcadas.

-Dios…

El crío seguía inconsciente por el accidente así que mas que arcadas su cuerpo convulsionaba. Alberto facilitó la tarea al niño y lo puso mirando al suelo sujetándole la frente. Por un instante ambos se quedaron mirando esperando las palabras del otro para escuchar qué hacer. Otra gran cantidad de sangre fue expulsada por la boca del crío. Daniel tuvo arcadas por la visión así que se volvió para no verlo.

El «paranoico» se marchaba. Al mirar a otro lado, Daniel pudo ver al «paranoico» marcharse a paso firme calle abajo. No podía seguirle y dejar a Alberto solo con su problema, además dudaba que obtuviera respuesta de aquel tipo, al fin y al cabo estaba loco. No dejó de observarle en todo su recorrido. Más paranoicos se unieron a su caminata calles más abajo. Ya no lloraban ni gritaban «¡Haz qué se callen!» ahora eran zombies andantes. Pero ¿A dónde iban?, pensó Daniel.

El crío dejó de vomitar y Alberto, cubierto de sangre, lo dejó acostado de nuevo en el asiento del coche. Tenía los ojos llorosos y un gesto de asco en la cara. Sabía que lo que había visto le iba pasar factura psicológicamente pero no sabía aún como.

-Alberto, ven a ver esto.

-Déjame tío, no tengo ganas de nada -dijo en tono lastimoso -. Quiero irme a mi puta casa. Quiero pegarme una ducha, encender el aire acondicionado y acostarme en mi cama.

-¿Y el crío?

-Estoy hasta lo huevos del crío -Daniel no podía creer la contestación de Alberto. Desde que salieron del supermercado no se había separado de él, hasta pensaba que le tenía cariño -, no ha hecho mas que traerme problemas.

-Pues piensa bien que vas a hacer con él porque yo me voy ya.

-Dame un segundo.

Mientras Daniel observaba a varios «paranoicos» perderse manzanas abajo en una marcha siniestra. Alberto se recostó en la acera para recomponerse. El niño se puso en pie y empezó a caminar. Tenía los ojos bien abiertos y la boca le colgaba como en un gesto de sorpresa permanente mientras la baba le caía por la barbilla. ¿Se le había olvidado tragar?. Daniel no dijo nada. Pensó que si el niño se marchaba se acababan los problemas. Se había alejado varios metros cuando Alberto se dio cuenta por fin de su ausencia.

-¡El niño! -dijo incorporándose de un salto.

-Déjale… -dijo Daniel a su compañero que salió corriendo en busca del pequeño.

Haciendo caso omiso a Daniel, Alberto se acercó al crío y le dio la vuelta bruscamente.

-¿Me oyes chavalín? ¿A dónde ibas? -le preguntó Alberto

Lo que sucedió a continuación Daniel no lo pudo ver muy claro desde la posición en la que se encontraba, tampoco lo llegó a entenderlo nunca del todo. El crío se quedó mirando a los ojos del joven, o eso creyó ver Daniel, y tras unos segundos, Alberto sufrió un ligero espasmo. Seguidamente dejó marchar al niño que reanudó su marcha. ¿Qué estaba ocurriendo?, pensó Daniel, ¿Qué se están diciéndose?

Alberto comenzó a llorar en mitad de la calle.

-Tío no te pongas así, mira toda la gente que está paranoica -comenzó a decir Daniel mientras se acercaba a Alberto -, no puedes proteger a todos los críos como él.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Alberto se giró entre lagrimas para chillar:

-¡Haz qué se callen!

Víctor Manuel Sala.

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3 Comentarios

  1. por laindeba publicado el 19/06/2009  14:47 Responder

    oHHH, y qué mas sigue?Esperaré.

    Esta muy, muy bueno, vms8

    salu2

  2. por vms8 publicado el 19/06/2009  15:51 Responder

    gracias

  3. por Zilniya publicado el 23/06/2009  10:22 Responder

    Madre mía!! Ahora Alberto también!! Ya me estoy aficionando a los protas...

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