La Verborrea

y a ver qué tal:

LA VERBORREA

Con cierta ilusión y un delicado dolor,
todas las mañanas en las que amanezco,
neonato de los soles, mares, ciudades, pelo y adentro;
conversaría durante un figurado tiempo las especies animales en flor con animales-especie que quisieran ser, involucionando, más que ellas mismas;
transmitiría placer contaminado en palabras deviniéndose al son de la voz, en intelectualísima armonía;
jugaría muertes en presencia de niños en presencia de la alegría de no tener cuerpo, alma y mente convertidos en autoconceptos;
miraría a los espejos que hay en vuestro ojos el reflejo del reflejo, del reflejo, que por cierto, la idea de este verso creo que ya la conocía;
leería poemas que vienen a mí pero que no son míos, como el río de un agua caliente/frío el cual finge en el fondo de la litosfera, hacer sentir al cielo posesión aunque también sentirse poseído;
besaría la superficie y más allá de los románticos o bucólicos labios de un «sin género sin sexo definido», y también sin sexo, por ejemplo;
amaría los cabezazos de razón cuando ejercito, impulso, retraigo, creo que expulso, y luego no lo hago a pesar de seguir ahí metido, juguetón y atento, ella traspuesta, yo como en un abrigo;
pintaría en blanco
de cualquier manera
al precio que fuese
sin orgullo que valga
en el momento acordado
pensando en lo incorrecto y bien hecho de un juicio preajustado
a un único sistema de conductas las cuales se introyectaron
sin permiso
en la piel
por los poros
rozando de las venas
las paredes
en dirección al torrente sanguíneo
hasta llegar al cerebro… y que de lo mismo, porque sólo y sólo y solo sin nadie aunque contigo, es mero blanco, puro pintar: es la vida;
y aún así, seguiría, a pesar de lo muy bonito, a recurrir o a rayarme a pensamientos de índole desconocida, dándole importancia al sonido del esfuerzo concentrado en la fulana cabeza;
rompería moldes de personas con la emoción de la tiranía del falso momento y del embaucador «autoego» para después justificarme hasta las sienes que rasco cuando, inconscientemente queriendo, surge el: -pienso, luego duele, Unamuno-;
deglutiría en una suerte de ciclón mi célibe persona que ansía apegarse a una estructura, a una personalidad, a una nimiedad basada en la idea de la huella de un memorístico camino, embelesado de virguerías que mi intelecto, caótico-creativo, vomita, como agora mismo hago,
y disfruto;
y aún así, querido amigo, lo que querría decirte, de hecho, te lo estaría diciendo como al principio: con armónicos.
Te quiero, querida: Totalidad.


Música de suspiro.

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1 Comentario

  1. por Lascivo publicado el 23/06/2010  15:20 Responder

    oye, te he quitado el vídeo, ya que incumple las normas (http://sopaderelatos.com/reglas/)
    también creo que deberías asignarle un género, y quitarlo de "zona basura"

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