El Caminante

Es una tarde lánguida y grisácea que se extiende hasta un horizonte grasiento de nubes cenicientas. La luz apenas puede atravesar el polvo y las volutas deshilachadas, así que cae ya herida sobre las ruinas de los edificios, que parecen sacudirse de vez en cuando, con crujidos lastimeros, el silencio pegajoso que está adherido a sus paredes, a los muebles abandonados, a los retratos antiguos.

Lud es de todo menos ruidosa, pero por sus calles el viento puede volverse corpóreo y arrastrarse con pesado aliento, como si dejase de ser viento que vuela para ser un susurro sofocante que resuena en los muros derribados, para ser un gemido arrancado de las ramas que se alzan como suplicantes brazos espectrales hacia el cielo plomizo.

El Caminante atraviesa la avenida principal dejando atrás coches y farolas oxidadas como testigos mudos de momentos mejores. Por muy dura que sea la marcha, la espalda de este vagabundo no se agarrota y su pulso jamás se acelera. El Caminante mantiene siempre la cadencia de sus pasos. Quienes le han visto dicen que de las cuencas vacías de sus ojos caen lágrimas de arena y que a través de su garganta reseca habla el mismo invierno. Cuentos para niños. Historias de viejos.

Un hombre vestido con vaqueros y camisa espera, junto a un semáforo amarillo, en una de las calles que desembocan en la avenida. Está esperando para cruzar y echa de vez en cuando miradas impacientes a su reloj. Repite el mismo gesto una y otra vez, aunque en Lud ya no funcionen los semáforos ni haya tráfico que regular. El segundero se detiene a la vez que el Caminante, que se ha parado para observar desde la distancia al curioso peatón.

El hombre sale de su ensimismamiento y mira a su alrededor, pero sus ojos quedan atrapados en la mirada vacía del Caminante. Un anciano que le resulta algo familiar le observa desde las cuencas huecas con extrañeza.

¡Aún no! -Se oye desde la lejanía.

De repente la luz hace desaparecer la silueta de las ruinas y el reloj de pulsera reanuda su marcha.

-¡Ha salido de la parada! ¡Vuelve a latir!

La luz de la ambulancia se refleja en ventanas y coches y tiñe de pavor los rostros compungidos de los viandantes que cuchichean cerca del paso de peatones.

En una calle muy parecida el Caminante reanuda la marcha.

Siempre mantiene la cadencia de sus pasos.

Gonzalo López Sánchez

Gonzalo López Sánchez, nacido en Barcelona en 1987, aunque posteriormente reside en Madrid, Guadalajara y Málaga. Licenciado en Biología en la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Microbiología en la misma universidad. Aficionado a la historia, los juegos de rol y la escritura de relatos breves.

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3 Comentarios

  1. por Lascivo publicado el 07/09/2010  11:05 Responder

    ¡Oh, Dios! ¡Explorador! ¡Hacía tiempo que no te leía! Me ha gustado mucho, es rayante. Sobretodo me ha gustado el final, cómo simbolizas la vuelta a la realidad (o la vida) con el reanudar de la marcha del reloj. Y el indescriptible y silencioso Caminante... ¡Muy misterioso!

  2. por Zilniya publicado el 17/09/2010  23:58 Responder

    Yo también echaba de menos tus relatos. Fascinante y enigmático personaje, este Caminante. Parece una leyenda urbana. Y como siempre, tus descripciones parecen poesía. :D

  3. por Pequadt publicado el 22/09/2010  12:33 Responder

    Hacia tiempo que no entraba por estos lares y veo que no habeis perdido en nada. De hecho lo que estoy leyendo me esta gustando mucho. Comparto mi opinion con Zilniya, tus descripciones son muy poeticas ^^

    Un saludo a todos, y espero ponerme a escribir relatos jijiji

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