Tu que me escuchas

 

Como cada mañana, desde hace dos años aproximadamente, me levanto pensando que en unos minutos te volveré a ver.

Me visto con la ropa más bonita que tengo para causarte buena impresión y me peino con un cepillo que me compré hace unos días porque que el viejo ya no iba muy bien.

 

La colonia está a punto de acabarse pero me da igual, porque hace tiempo que sólo me la pongo cuando te vengo a ver.

No tengo ganas de merendar, porque si no meriendo te podre ver antes, pero la barriga no piensa lo mismo y tengo que comer algo.

Salgo de casa y vengo hacia donde hemos quedado como cada mañana. Siempre estás allí antes que yo, tan guapa como siempre.

Ya te veo de lejos y me pongo muy contento, me acercando poco a poco hacia ti. Estás allí, quieta, y esperas mi llegada impaciente.

 

El viento que hace no te despeina el peinado que siempre luces.

Llego y te toco el hombro.

Tú te quedas allí quieta mientras que yo me siento en el césped.

Empiezo a hablar y te doy las gracias por haberme ayudado tanto cuando más lo necesitaba.

 

Me ayudaste a superar la muerte de mi mujer, con la que hacía 30 años que estaba casado.

Ella tenía una enfermedad incurable y lo pasaba muy mal, yo cada día iba al hospital a verla y siempre que pasaba por ahí tú estabas, al principio no te decía nada, pero al paso del tiempo te fui cogiendo confianza ya que siempre nos saludábamos.

 

Ella murió al cabo de un par de meses en el hospital y yo me quedé solo en el mundo ..

No sabía cómo iba a sacar adelante la vida, estaba acostumbrado a estar con ella, ir a pasear largos ratos, a ir a tomar algo al bar de al lado de casa cuando salíamos de trabajar.

 

La casa se me hacía muy grande sin nadie más que yo. Las paredes estaban frías y la tele casi no se veía con el polvo que tenía encima …

También lo pasé mal cuando el que cayó enfermo fui yo, no podía verte, y suerte tuve de la fotografía que nos hicimos aquel día de verano, al menos te podía ver en fotografía.

 

Ahora empieza a llover y nos estamos mojando los dos, yo me despido y me voy a casa, tú te quedas allí, como siempre, sin moverte.

Si en vez de una estatua fueras una persona, ya haría tiempo que habría pedido que salieras conmigo, y quién sabe incluso que te casaras conmigo.

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