A la hora señalada. Capítulo 1

Capítulo 1:

Un día cualquiera en su vida, apagó el despertador y volvió a girarse en la cama. Cuando volvió a sonar, había pasado ya media hora y llegaba tarde al trabajo. Acelerado, se ajustó la corbata mientras se lavaba los dientes y se colocó la chaqueta mientras cerraba la puerta de su casa. Cogió el autobús y, ya más calmado consciente de que no podía hacer nada por acelerar el paso, se concentró en pensar la mejor excusa para su jefe…

– ¡No hay excusa posible! – bocinó éste malhumorado.- Todos los días igual: que si el tráfico, que si problemas técnicos, que si… ¡nada! – el jefe se tomó un respiro y se relajó.- Algún día esto le va a traer problemas.

Tragó saliva. Otra vez se había librado, y eso que ésta parecía la definitiva. Miró disimuladamente el reloj de la pared… Quitando los cinco minutos que había durado la bronca, tan sólo había llegado veinte minutos tarde. “Es un récord”, pensó medio sonriendo. Por suerte, el jefe tenía la mirada perdida en otro lugar.

– Márchese – dijo secamente.- Hoy se quedará media hora más, para recuperar el tiempo perdido.

No era la primera vez y el trabajo no era el único sitio al que llegaba con retraso. En su boda, fue su mujer quien tuvo que esperar la media hora de rigor frente al altar en espera del susodicho. Llevaba dos años sin conseguir ver una película completa en el cine y la última vez que eso sucedió fue porque cogió entradas para el siguiente horario. ¡Si incluso el día de su nacimiento se retrasó un mes respecto a lo pronosticado por el médico! Sin embargo, no era consciente de que aquél era un día muy especial.

Al salir del trabajo, por supuesto treinta y cinco más tarde por su particular condicionamiento, murió atropellado por un autobús. O hubiera muerto atropellado. Durante un instante pudo ver nítidamente cómo, a cincuenta metros de distancia, una sombra voló desorientada sobre las marcas blancas del suelo cuando el vehículo atravesó aquél semáforo en rojo. De alguna forma pudo sentir que aquélla era la Muerte, ni más ni menos, y que no era capaz de encontrar su cuerpo. Tendría que haber estado allí, pero había llegado tarde.

khajine

"Lo que es, es. Lo que no es, no es. Algo no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo lugar". Salvo los sinsentidos. Los sinsentidos son sinsentidos y no son sentidos, lo que corrobora la primera regla, pero, si su sentido es ser un sinsentido, ahí es cuando deja de tener sentido la cosa.

Yo soy escritor porque escribo pero no puedo escribir tanto como me gustaría ni tan bien como quisiera. Eso me convierte en un laico de la escritura. Para romper con ello, escribo más de lo que puedo y mejor de lo que sé. Soy "amateur" porque adoro escribir pero, también, "odiateur" porque, a veces, pierdo el Norte y no me convenzo ni a mí mismo en mis letras.

Por ello, como introduje, soy y no soy a un tiempo. O, quizá, soy y no soy a diferentes tiempos o de forma dependiente de para quién.

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