Odio

Se dio cuenta muy temprano de que odiaba a casi todos los seres vivos de este cochino planeta. A menudo se preguntaba si era algo que sólo le pasaba a él, o si los demás eran todos unos hipócritas que se negaban a reconocerlo abiertamente.

Odiaba las limitaciones impuestas por la sociedad, los estandartes, los caminos prefijados como raíles de ferrocarril, toda la mierda que echaban por televisión y las ideologías sesgadas y discriminatorias que dominaban esta fingida democracia.

Tardó poco en darse cuenta de que odiaba a todas aquellas personas que se escondían detrás de esos términos colectivistas, aunque tardó un poco más en darse cuenta de que él mismo se encontraba dentro de muchos de ellos. Odiaba a los negros, a los judíos, a los moros, a los discapacitados, a los niños, a los viejos… pero también a todo el resto del mundo. Nadie escapaba a su asquerosa mirada crítica, digna del cura que predica enseñanzas que rara vez aplica para sí mismo.

Nunca se supo de donde provenía todo aquel odio. Puede que la vida le hubiese golpeado en demasiadas ocasiones, puede que sus compañeros de clase se rieran de él cuando era niño o que ninguna chica guapa quisiera follar con él.

En cualquier caso, un chaval de 17 años no debería tener tiempo suficiente para recibir tantas hostias, pero hoy en día todo el mundo tiene demasiada prisa.

 

Winston

Hace de esto ya muchos, muchos años, cuando en un reino junto al mar viví...

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