Puntos de vista.

 

-Y ahora… Una categoría para Belén.- Soy muy poco imaginativo, me da por pensar que deberíamos asignar un villancico. Opto por el silencio.

– ¡Una planta!- Responde Ángela

– ¿Una planta?- Se oyen quejidos generalizados porque, para que engañarnos, utilizar una planta para describir a una persona es bastante complicado a menos que seas biólogo, experto en botánica o algo así, más si tenemos en cuenta que sólo nos conocemos de hace un par de días.

-Sí, una planta, un árbol o una flor. Aquí lo importante es que lo razonéis…- Ángela no piensa cambiar la categoría.

Los demás ya están escribiendo. Pienso y no se me ocurre nada, vamos a ver, que alguien me explique para qué diantres sirve este juego…

– Venga Adrián, que sólo quedas tú-. No me gusta que me agobien por lo cual mi respuesta es consecuente: – Id decidiendo la próxima categoría y ya si eso…-.

Ángela le pide a Belén que elija categoría para Ana. Yo sigo pensando y decido que Belén va a ser un abeto porque me recuerda a los villancicos que era la categoría que yo le habría puesto. Doblo el trozo de papel y se lo entrego.

– Un color-. Un color… A todo el mundo le parece muy fácil pero yo me pregunto qué color le puedo asignar a alguien como Ana.

Ana es una chica que rozará los treinta, menuda, con media melena castaña, ojos un poco saltones y cara de ratoncito curioso. Lo primero que me viene a la mente es escribir el color de su camiseta («a rayas blancas y negras») pero de repente se me pasa por la cabeza un morado, un violeta claro. ¿Que por qué? Pues mira, ni idea, pero si esa niña fuese un color… Se me pasa por la cabeza, ¿qué color me asignaría a mí mismo?

(…)

Ya hemos pasado todos por nuestra correspondiente categoría, yo he sido un «libro» y los libros que me han recomendado ni los conozco ni me interesan.

Todos hemos mirado nuestras respuestas y es entonces cuando Ángela nos propone que comentemos lo que nos han escrito lo demás, si hay alguna respuesta que nos llame la atención.

Ana es la primera en comentar: -Me gustaría saber quién me ha definido como violeta claro-.

-¿Por qué?- Le pregunta Ángela curiosa.

-Porque el violeta claro es indicador de un aura pobre, moribunda, sosa, sinsentido-.

La respuesta de Ana me dejó tan sorprendido que ataqué en mi defensa: -¡Pero yo creí que en todo caso, el color que llevaría esos adjetivos sería el gris! Perdona Ana, no pretendía ofenderte.

Ana intentó tranquilizarme:-No pasa nada, Javier, todos tenemos derecho a interpretar las cosas de otro modo.

Pero lejos de transmitirme más paz lo que consiguió fue inquietarme…

– Así que, ¿así queda todo?, ¿Todo son puntos de vista?

 

 

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