Explicación

– Igual te debo una explicación. Ya sé que no era esto lo que esperabas, ¡ni si quiera yo lo sabía!

Entiendo tu desilusión. Ya, ya sé que el contraste pudo resultar duro, que tu incipiente ilusión pudo verse truncada pero, ¿cómo explicarlo mejor? ¡Si es que ya no sé cómo disculparme!

Te metes conmigo, te crees que no me doy cuenta…  Pero es que se que te gusta cuando pongo cara de tonto…

Venga, contéstame, anda. Para una vez que tengo un detalle contigo…

¡De verdad que no lo sabía!-.

Lo había conseguido. La pequeña Judith miró a su tío con cara divertida y le dijo: – Tío José, ¡es que no sabes nunca nada! Me das una bolsa con lacasitos y yo veo unos muy gordos y, ¡no eran de chocolate! No veas qué asco…-. La niña hablaba con la sabiduría que sólo los «locos bajitos» poseen.

Todo por contentar con golosinas a la pequeña. Si es que, a veces no sabe uno cómo acertar.

 

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