Pennisylvania

En Pennisylvania existía una extraña ley natural que pendía sobre la vida de los hombres. Sólo afectaba a los varones, como explica la lógica, y, por lo demás, el resto de lo cotidiano sucedía de igual manera a lo que estamos acostumbrados. Existían las mismas envidias, las mismas intrigas… Pero existía esa ley inviolable.

Por una rara cuestión genética había en el cromosoma Y una especie de cuenta atrás nucleotídica. La duración total de la vida del hombre era proporcional a la longitud de su pene. Sé que parece extraño, es cierto, pero funcionaba así. Se activó de repente un día, nadie vio la relación al principio, aunque no tardaron en percibirla. Apareció en los informativos, en diarios, en blogs, en todas partes. Era inevitable. De pronto, todos los hombres conocían la fecha de su muerte. El último día se pasaba en cama, mientras el corazón se iba apagando.

Pero había algo peor que saber la fecha de la muerte. Era la absoluta certeza de saberse, en el último instante antes de sucumbir, el hombre con el pene más pequeño de la ciudad.

khajine

"Lo que es, es. Lo que no es, no es. Algo no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo lugar". Salvo los sinsentidos. Los sinsentidos son sinsentidos y no son sentidos, lo que corrobora la primera regla, pero, si su sentido es ser un sinsentido, ahí es cuando deja de tener sentido la cosa.

Yo soy escritor porque escribo pero no puedo escribir tanto como me gustaría ni tan bien como quisiera. Eso me convierte en un laico de la escritura. Para romper con ello, escribo más de lo que puedo y mejor de lo que sé. Soy "amateur" porque adoro escribir pero, también, "odiateur" porque, a veces, pierdo el Norte y no me convenzo ni a mí mismo en mis letras.

Por ello, como introduje, soy y no soy a un tiempo. O, quizá, soy y no soy a diferentes tiempos o de forma dependiente de para quién.

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