La voz del replicante

¿Dónde encontraré
las lágrimas del replicante?

¿En los sumideros donde bites y gas-oil
buscan el mar seco del futuro?

¿En las aceras de neón,
donde los ojos perdieron el brillo de la vida?

¿ En el aullido de los aéreodeslizadores
sobre las llamas de las factorías?

Busco, en un futuro agotado,
los detritus de los ojos que vieron
el resplandor tenue de los rallos C
cerca de los puertos de Mauthausen.

Porque ya no queda vida
entre el cemento y el abandono,
ni amor en una atmósfera de odio
condensado.

Porque ya se abrieron todos los cuerpos
a las certezas de la bala,
y el hombre no llora por sus lágrimas
extintas.

Porque solo quedan flores de metal
en los cementerios comprimidos,
que son un mar gris de un cielo olvidado.

Por todo ello,
busco la vida, la esperanza,
el mañana,
en las lágrimas del replicante.

En esas gotas, que se perdieron
con la lluvia,
están todos los sueños del hombre;
de su copia mejorada, de su evolución
de escama como de serpiente.

Necesitamos que lloren nuestras máquinas,
que nuestros androides encuentren a Morfeo,
que todo lo sintético, sin alma, nos supere,
para ser partícipes de nuestro fracaso.

Necesitamos las lágrimas del replicante.

¿Acaso,
se quedaron confinadas en aquella azotea,
donde los recuerdos de Orion
erizaron por última vez la piel del instante ?

Yo estuve allí,
viendo volar a la última paloma,
bajo un aguacero de dolor y de palabra,
y no quedó nada.

Yo estuve allí
donde la máquina estuvo más viva
que los vivos, donde lloró el cielo
por todos los olvidado,
Y no quedó nada.

Yo estuve allí
Y no quedo nada,
nada.

Si no encuentro
las lágrimas del replicante
será
la hora de morir,
pero la duda
¿estuve vivo, o yo también soy un replicante?

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