El Santa Negro

En los últimos días han ocurrido ciertos crímenes que han llamado la atención de los medios televisivos provocando una especie de catarsis en los habitantes. Según informes policiales, un individuo ha secuestrado por lo menos a ocho personas a las cuales deja en libertad al siguiente día. Lo macabro de estas historias es que todas las victimas tienen un sufrimiento en común y es el que sus dedos pulgares son cortados de ambas manos.

La última de sus victimas fue una mujer de veinticinco años, ella recuerda que fue a la tienda por unas bebidas, mientras ella salía de la tienda un hombre vestido de “santa claus” se acercó a ella y le regalo una rosa.

Luego de aquel encuentro, recuerda haber despertado en una habitación bastante oscura, el piso era de madera y estaba bastante húmedo. En la habitación de al lado se escuchaba un televisor encendido (al menos eso le pareció a ella). Sus manos estaban atadas al igual que sus pies con una cuerda, su boca estaba sellada con una cinta. Empezó a moverse, golpeando el piso con su cuerpo, procurado desatar sus manos.

Mientras estaba en su desesperante desafío, escucho que unos pasos firmes y lentos se aproximaban hacia la puerta. De pronto, la puerta se abrió y los pasos se acercaban a ella cada vez más. Por la poca visibilidad no pudo identificar al sujeto, el cual sin mediar palabras la tomo de sus pies atados y la arrastró hacia fuera.

Estando fuera de la habitación, vio que a su alrededor habían muchos estantes llenos de herramientas, parecía un garaje o un taller mecánico, pudo ver aquel sujeto que llevaba una barba blanca postiza en su rostros, vestía unos jeans y no llevaba camisa. Sus manos estaban cubiertas por unos guantes negros. Ella no comprendía de que se trataba todo eso, pero de algo estaba segura, ese tipo no tenía buenas intenciones. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando aquel hombre tomo sus brazos y los ato a unos tubos, dejando sus manos colgando de ellos.

Se acercó a la mujer y le dijo que todo estaría bien, ella intento moverse pero era inútil, las cuerdas limitaban cualquier movimiento. Sus lágrimas rodaban por sus mejillas. Después de esas palabras, él se dirigió hacia un estante, de donde tomo una caja metálica y un bote de vidrio forrado con aluminio. De la caja metálica saco una jeringa, luego de observarla, se dirigió hacia la mujer, inyectando su brazo derecho.

Nuevamente fue al estante del cual sacó una sierra eléctrica profesional. El efecto de la inyección estaba operando en aquella mujer, al parecer se trataba de un compuesto anestésico.

Lo último que recuerda de ese negro episodio, es aquel hombre desatando sus manos y colocándolas sobre una base. Ella quería defenderse pero sus brazos amarrados y el efecto de la inyección se lo impedían. Su cuerpo no respondía. Cuando despertó nuevamente, ya hacía en una antigua estación de trenes de la ciudad, sus manos estaban vendadas.

Después de reportar el caso a la policía y paramédicos, efectivamente descubrieron el macabro hecho, de que sus pulgares habían sido cortados.

Luego del testimonio de esa victima, se ha pedido a la población tener mucho cuidado al salir por las noches y sobre todo con personajes vestidos de Santa Claus.

Kenson Gonzalez

Aprendiendo a escribir.Nacionalidad: salvadoreño, tierra de fuego y sangre. Buscador silencioso de letras y autores, convencido que las palabras lo ocultan y lo dicen todo. 27 años.

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