Los dos testigos.

La sangre corre lentamente por el piso de madera. Un olor espeluznante llena la habitación pintada color celeste, a un lado de la cama ya hace el cuerpo de un hombre, piel morena, cabello liso y con bigote, en su mano derecha una pistola. Su bata esta humedecida por la sangre. Hay mucho silencio. Demasiado.

Sobre la cama hay una hoja por lo visto arrancada de alguna libreta, en la cual claramente se lee lo siguiente:

“El dolor me consume y solo deseo sentirme libre, sentir el aire en mi cabeza, sentir que vivo y que ya no hay ataduras. Mi decisión podrá ser controversial, me llamaran cobarde, algunos otros lo lamentaran. Pero ahora soy yo, soy libre y el dolor se habrá ido.”

Luego del citado texto, se ve una firma y la fecha del día siguiente. El silencio y la sangre son los únicos testigos de aquella sombría historia.

Kenson Gonzalez

Aprendiendo a escribir.Nacionalidad: salvadoreño, tierra de fuego y sangre. Buscador silencioso de letras y autores, convencido que las palabras lo ocultan y lo dicen todo. 27 años.

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