El ángel de Santo Tomás (Parte 1)

Hay historias de las que no queremos hablar, esas que interrumpimos con incoherencias, o con datos del clima o del ultimo partido de fútbol. Nombres, relatos, de los  que no queremos escuchar. Tal es la historia que sigue a continuación, de esas que nadie habla en un callado pueblo llamado Santo Tomás. Y sí se habla es a oscuras, con susurros.

Son cerca de ciento veinte almas, que viven en aquel pueblo, bastante folclórico, sus casas hechas sin mucha pompa, clásicas diría yo . No es un pueblo popular, pero no menos misterioso. Déjame contarte la historia que los ancianos cuentan en la fuente que está ubicada en el centro del pueblo. Ahí me encontraba yo, no sé si por azares de la vida o porque alguna fuerza misteriosa me haló a este remoto lugar, donde los árboles y hombres han aprendido a vivir en armonía.

Pero antes de hablarte de esa historia déjame contarte como vine a parar a este lugar, me dirija hacia la ciudad de Copán a unos 3 días de viaje en automóvil, pero el motor empezó a presentar problemas y tuve que hacer una parada de emergencia. La última gasolinera a la que llegué me dijeron que tenía que esperar hasta el lunes para que pudiesen conseguir el repuesto que necesitaba.

Ahí estaba yo varado a mas de medio camino, sin auto, y con cierta emoción porque algo en  mí me decía que esto era lo que necesitaba. Después de todo, hace unas dos semanas había dejado mi trabajo. Estaba harto de esa oficina, papeles, citas, gente sonriendo, caminando de un lado a otro. Maldita jungla de edificios y concreto. Fue así como decidí tomar este viaje , para encontrarme a mi mismo, para relajarme, para morir talvez, y esto último lo he pensado esta mañana.

El encargado de la gasolinera me dijo que a 20 minutos de ahí, se encontraba un pequeño hotel, de media estrella, y ahora lo entiendo pues donde me  hospedo, duermo en una hamaca y solo hay café y pan. Luego de caminar, con sudor en la frente, arrastraba mi maleta. El calor en esta zona es insoportable, me encontraba sediento y de mal humor. Maldije al automóvil hasta la enésima potencia, golpeaba el aire con mis palabras,  cerca de las cinco de la tarde llegué a mi destino, el letrero decía “Bienvenido a Santo Tomás”. Luego de preguntarle a una señora que llevaba un cántaro, me describió el hotel media estrella, como lo llamo el de la gasolinera. Luego de un par de minutos, me encontraba ante una casa color blanco, no había segundo piso, mucho menos había alguien que me ayudará con la maleta.

 

Kenson Gonzalez

Aprendiendo a escribir.Nacionalidad: salvadoreño, tierra de fuego y sangre. Buscador silencioso de letras y autores, convencido que las palabras lo ocultan y lo dicen todo. 27 años.

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