Pestañeo

Matías camina, nada le interesa, lo ha visto todo. Ahí en esa vitrina se asoma una muñequita de porcelana que parece sonreírle. Vive pensando en ese contenedor con sus dos esmeraldas. Le gusta imaginar que solo a él le muestra esa mueca juguetona. Dedica los domingos a pasear frente al aparador. Se sienta en el parque para desde ahí custodiarla.

Caminó por varias horas, estaba ansioso. No encontró la tienda bizarra. Todo igual, la banca en el parque, la ferretería a la izquierda y el café a la derecha. Su aparador ya no, desapareció.

Matías camina, nada le interesa.

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