ELLAS VENIAN

Estaba sentada en la sala esperando que vinieran a buscarme, cuando las ví. Caminaban hacia mí, en tropel, ordenadamente y sin rozarse, con su color amarronado, que resaltaba en el piso claro del pasillo. Unos pasos más atrás, la enfermera empujaba una camilla que sería la futura portadora de mi persona.
No me importó. Seguí un impulso irrefrenable hasta llegar a ellas. Con mi chinela número 40, comencé la batalla. Los restos mortales quedaron esparcidos por el lugar, donde después de tres horas sería la sala de mi convalescencia.
Han pasado ya tres meses y nadie me comentó lo sucedido.

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2 Comentarios

  1. por Eva Garcia Romo publicado el 09/01/2014  01:08 Responder

    Brutal. ¡Felicidades!

    • por elena engracia alvarez publicado el 11/01/2014  04:35 Responder

      ¡que linda sorpresa, muchas gracias Eva!

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