MELANCOLÍA

Después de tantos fracasos no había terminado de entender que el amor correspondido por el caballero en turno no era un lujo que ella podía darse.  Pobre tonta, no aprendes, pensó con una leve sonrisa irónica y adolorida. Apretó los dientes y contuvo las lágrimas que ya se querían asomar en sus ojos marcados por los días de desvelo y cansancio, pero jamás por el llanto. Siempre aguantaba las lágrimas, las contenía, siempre se hacía la fuerte y una vez más no era nada.
–“Sé fuerte, no puedes llorar por ese estúpido sentimiento llamado amor o simple atracción, tú simplemente no puedes ser amada, ni querida, y debes aprender a vivir con ello. Resignación. Esquiva las miradas pero no flaquees, siempre con la mirada en alto, nadie debe ver tu sufrimiento, sonríe levemente, piensa que un día sin saber cuál, un alguien llegará y tú no volverás a sufrir, piensa que él que llegará será mil veces mejor que lo que acabas de perder. Pobre idiota, no sabe de lo que se pierde, se arrepentirá cuando me vea con él, más guapo, delgado y con sonrisa impecable. Llorará lágrimas de sangre, nunca será feliz, nunca… y yo reiré, reiré fuertemente al ver su sufrimiento que alimentará mi felicidad. Ya llegará mi día, ya llegará él, mientras tanto sonríe levemente y aprieta los dientes para no llorar…”

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1 Comentario

  1. por Victoria Permuy publicado el 20/04/2016  18:04 Responder

    Me identifico con tu historia. Espero que el caballero de turno sepa apreciar lo que puede llegar a perder.¡Suerte!.
    No puedo pronunciar tu nombre, es muy difícil, pero me fué fácil pronunciar cada una de las palabras de tu relato. Me gustó mucho. Un saludo Victoria.

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