El principio de todo.

Una zambullida perfecta, y después, el otro castillo, el otro ocaso de la noche, el otro lago. Eres observado con extrañeza por ninfas, dragones que se bañan apaciblemente y los seres más fantásticos que puedas imaginar. Incluso hay un microondas que baila chachachá al ritmo del viento. Allí lo raro es lo que viene de la banal superficie. Has buceado como Alicia, más allá del espejo, y puedes ver tu reflejo en las aguas verdes, profundas pero terriblemente claras. Sí, ese eres tú, sin máscaras, sin cara, sin nombre, solo tú.

Bienvenido al mundo del subconsciente.

Elia

Vivo en un mundo de dragones buenos.

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