SÁTIRA DEL YO

He sido, sin duda, en el más amplio sentido de la palabra, un hombre infeliz, suspenso de toda terminación. He sido un hombre incapacitado para toda tarea que solicitase de mí un esfuerzo singular; incapaz, a todas luces, de andar sobriamente por el mundo, sino espoleado por él, pasar por la vida no como un ser humano, sino como un plumón de ave; no como un hombre o como una bestia de limitado razonamiento, siquiera como un insecto, sino como una materia inerte que va, viene y se detiene según arbitrios de la naturaleza; carente de autopropulsión y dependiente de ella, soy la pelusa que por arte de la escoba conoció lugar más amplio que los bajos de una cama. Mis lánguidos intentos de moverme en la vida han sido abortados, mis movimientos parasitarios, un absoluto fracaso. Intentando dar un paso hacia adelante he pisoteado lo poco que hice al caer hacia atrás. Mis estudios se limitan a la eterna promesa más allá de lo inconcluso de mí ser. No pude haber tenido ni idea de lo maravilloso de un amor correspondido. Para mí, una noche de pasión no otorgó más derecho del que se pueda extraer de una mañana de tormenta. Jamás he llegado a la cumbre de un propósito. Jamás divisé la huella de mis pasos desde un alto emplazamiento. El calor de una llama me ha quemado en el duro invierno. La nieve ha congelado mis extremidades. El dolor me ha poseído, lo he preferido y me ha rendido. En los días de libertad usé grilletes; en los de opresión, una pluma. Mi redención es la del perro inadaptado cuya vida perdonamos atándole a una estaca. He soñado maravillas; he cumplido nimiedades; he luchado sin espada y moriré sin sangrar, entre babas, como un caracol pisoteado. Yo inspiré libros de autoayuda; invente la abdicación, la decepción, el despecho; me apiadé de la belleza y la perdí; patrociné la paciencia y la turbé; fomenté la perseverancia y me emborraché en la primera taberna; perseguí el arte y el arte se hartó esperar. Pero aquí, arrastrada mi poquedad a un futuro de aspecto miserable, cuya notable apariencia me revela indeseada y falsa sensación de libertad; allí, cosa cierta, habrá un ente sin posibilidad ni merecimiento de conmiseración terrena.

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