53 semanas.

Maya despertó con el pulso acelerado. Había soñado con aquel día de nuevo.

Mientras doblaba las mantas que usaba como cama, las imágenes del día que comenzó todo le invadieron. Su familia pereciendo a manos de los que parecían estar ya muertos. Pero no lo estaban.

Habían pasado 53 semanas desde que esas malditas criaturas empezaron a invadirles, a asesinarlos a todos. Maya había acabado con muchos. Pero no desaparecían, era imposible. Sabía que, tarde o temprano, ella también moriría.

Cogió sus armas y salió del zulo, dispuesta a sobrevivir, aunque ya no le quedara nada por lo que hacerlo.

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