Dolores, Angustias, Muerte

Dolores y Angustias charlaban a la puerta de la casa de esta última. De repente, frente a ellas, apareció La Muerte. Les invitaba a acompañarle, pero ellas, como buenas señoras, desconfiaban de todo lo nuevo.

No se, no me fío, decía Angustias.

Estoy demasiado mayor para esas cosas nuevas, contestaba Dolores.

La Muerte preguntó: ¿Prefieren quedarse aquí para siempre, rodeadas de los dolores y las angustias mundanos?

Mejor lo malo conocido, contestaron a dúo.

Ambas reían mientras La Muerte volvía confundida por donde había venido.

Pues buenas son Dolores y Angustias.

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