El conjuro.

Uno me dice una cosa, el otro me dice otra y el otro otra distinta. Alguien definitivamente esta mintiendo. Entonces decidí tomar cartas en el asunto y conjuré a la Luna. A media noche, cuando estaba llena, camine firme y concentrada. Deje mis zandalias en la playa junto con mi ropa. El agua estaba calida y tranquila.

Entonces nadé y le mostré a la Luna todo lo que ocurría en mi vida en ese momento.

Salí del agua luminosa, seca y con un regalo en mi bolsillo que ayudó a resolver mi dilema.

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