BAJO LA DUNA DE TU PIEL DESNUDA

Busco tu vientre con mi lengua ansiosa

que arde al atinar un botón abierto.

Una prenda blanca pura presiento

al resbalar tu falda vaporosa.

 

La lencería asoma pudorosa,

mientras mi corazón palpita incierto.

Y bajo ella, tras duna de desierto,

florece una flor que se antoja hermosa.

 

Entonces, ardiente, mi ser se arroja

sobre tu piel desnuda. Te penetro.

Ya dentro de ti, mi tez se sonroja.

 

Y tú susurras cual viento de enero,

“no pares, que no se rinda ni encoja,

eso que con gran ansia te impetro”.

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