Cupido tiene mal pulso

Creyendo que enamorado pudiera

hacer de mis pecados, la justicia,

al cielo le pediste su milicia

de arte y maleficio. Que cayera

 

en mí el amor como una penitencia

y que a tu cariño sucumbiera:

Cazar a mi intrépida, viajera

lujuria y desterrarla sin violencia.

 

La paz no se escondía en tu cintura.

Y tú no me supiste ocultar

tu amor, tu corazón, en tu figura

 

amarga. Y en tu fría esperanza,

tu fría ambición —¡que no bailara!—

llevé a mi colchón también tu danza.

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