¡Si no pasara el tiempo!

Si a tu cuerpo aún calara mi aliento
en una barca sobre el río errante
y nuestras dos figuras resonantes
gozasen allí del orillado lento,
un rocío te bañaría en gotas
para colmar el ansia de mis labios
anhelantes de pagar sus agravios
en un calabozo de llamas rojas.
¿Cómo me alejé del edén soñado
dónde contemplé la luna menguante,
en tu suave corazón recostado?
Quizás ha sido el baldío naciente
de un delirio que calcinó el pasado
aquello imposible de hacerle frente.

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