Tu cuerpo, mi río.

Pensando en explorarte con mi boca,

vi tu cuerpo desnudo frente a mí.

Un enorme río por el que fluir

Hasta descubrir dónde desemboca.

 

Allí mi lengua viajaría sola,

la poesía emanaría de ti,

tan pura, que se empezaba a sentir

impaciente por su lascivia beoda.

 

Mi inquieta lengua haría de tus ruidos

un recital de jadeos y gritos

mientras surcara por tu bajo vientre.

 

Donde lírica y placer van unidos,

ella navegaría para siempre,

allí, entre tus piernas… con tus gemidos.

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