La Erinia.

La desesperación era continua. No podía huir de eso. Me perseguía una Erinia. Cuando me alcanzara su peso caería sobre mí como una tumba. Su aspecto era horrible, dantesco. Tenía unas garras afiladas y  en vez de cabellos tenía serpientes.

¿Pero que había hecho yo para merecer tal hostigamiento? Por mucho que lo pensara, no hallaba la respuesta. Sólo hice lo que me ordenaron. Y ahora era acosado, por la peor de todas las pesadillas.

La Erinia con sus fieros ojos me escudriñaba y seguía atormentándome, con un ímpetu inquebrantable e irreducible.

Ma Dolores Alvarez

Escribo para revistas literarias como: Reliteraria Deglozel, Cuentos y mas,el Ateneo del Norte y Acantilados de Papel.
Participo todas las semanas en el Concurso de Microrrelatos de la Cadena Ser.

Últimas publicaciones de Ma Dolores Alvarez (ver todo)

Deja un comentario

Tu dirección de email no será publicada