Felinos de viento

–  ¡Ssshhhhh!, non ronques e guarda silencio, ¡pardiez!

–  ¿Qué mantiene en vilo a vuesa merced?

Y en esperando la respuesta que Don Chicote de la Cariancha, a horcajadas de Remugante, dióle de espuelas y en desbocada carrera lanzóse. Tras estrepitoso e supitaño impacto cayóse de su montura.

– Non alcanzo a verle en la oscuridad, ¿dónde está? – preguntó Pancho Chanza falto de resuello.

– Acullá maltrecho yazco sobre el suelo yermo. Una manada de deshambridos tigres embistióme sin clemencia.

–  ¿Por ventura beodo de vino se halla? ¿Qué tigres?

– A tu derredor, ¡zote! ¿Acaso non ves sus ojos escudriñadores de felino ni sus zarpas amenazantes?

– Non se me arrufe. Aunque bien le puedan parecer ojos y zarpas de tigre, non son sino luces y hélices de torres de energía eólica.

–  ¿Osas mentar a la deidad Eolo con semejante afacimiento? ¡Mal rayo te parta, non seré yo quien luego te guare! ¡Lijoso, fedroso de disentería!

–  Energía eólica, le repito, hidalgo de cuatro costados. ¿Non la miembra dese libro que tiempo ha con fruición devoró? ¡Qué cosas de inquerir a vuesa merced, si ni siquiera sus yelmos de hojalata recicla!

 

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