La zona de transporte

En un parque, un jubilado daba de comer a unas palomas sin moverse del banco en el que estaba sentado. Unos metros al frente, permanecía también sentado un hombre algo más joven, cuya formalidad resaltaba en su apariencia. Vestía un traje azul marino, con chaleco a juego. Lo que más saltaba a la vista era su camisa, de estilo victoriano, su sombrero de copa y sus elegantes zapatos negros abotonados.

Aquel misterioso personaje tenía entre sus manos una clásica pluma estilográfica. Una luz amarillenta corrió desde el cabo hasta la punta del objeto, ocurriendo esto en un abrir y cerrar de ojos. Entonces, el hombre trajeado introdujo el cuerpo de la pluma hacia el interior de la misma, llegando a ser tan grande como su capuchón. Luego estiró por la pestaña de aquel extraño instrumento, como si fuese a desenrollar un trozo de papel. Lo que él tenía ahora en sus manos era un móvil de última generación. Con total serenidad, se dispuso a contestar a su llamada.

—Sí, aquí Caballo Viejo. La negociación ha terminado. Solicito permiso para regresar.

—Permiso concedido, Caballo Viejo. Vaya de inmediato a la zona de transportación.

—Estaré allí en un minuto.

El pintoresco ser guardó el curioso utensilio en el interior de su chaqueta, se levantó del banco y caminó hasta llegar a un edificio de dos plantas, de una anchura considerable para acoger visitantes. Esperando volver a su lugar de origen, permaneció inmóvil unos metros delante de la entrada. De pronto, la emblemática construcción empezó a ensancharse y a encogerse por sí sola, igual que cuando se infla un globo; una sorprendente escena para alguien que lo presenciase.

Pese a lo que estaba ocurriendo, el reloj dio sus campanadas debido a que el minutero señalaba las doce. El jubilado que alimentaba a las palomas, atónito, se preguntó cómo pudo el hombre trajeado desaparecer a las doce del mediodía.

Ursula M. A.

Me gusta crear historias (ya sean microrrelatos o narraciones más extensas) y que la gente disfrute leyéndolas. Mi género favorito es la fantasía, pero no rechazo adentrarme en cualquier otro que no sea complicado a mi parecer.

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