Viaje a la nada.

O todas o ninguna. Le dije que me diera todas o ninguna. El joven, resignado, sacó las pastillitas azules de su bolsillo y me las puso en la mano. Eran como diez o quince. Me las puse todas en la boca y las ayudé con un poco de agua fría. Sentí cómo atravesaban mi garganta y llegaban a mi estómago vacío. De repente, el sueño; una breve náusea y de repente, la nada.

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