Historia de un relato

Cuando escribí el cuento sobre un funcionariado oculto del Estado no pensé que fuera a tener tanta repercusión. Me hizo gracia imaginar un aparato de captación de talentos por parte del poder más allá de los cuerpos de espionaje que proponen tantas y tantas novelas. Prefería un esquema más sutil.

El uso de espías puede parecer poco explícito pero, al cabo, son fuerzas que usan la violencia de forma directa, aunque sus golpes no estén a la vista. Un relato de este tipo puede intrigarte si está bien escrito, pero nada más. Yo quería escribir algo que causara verdadero pavor, aunque los primeros que lo leyeron decían que carecía de fuerza. Al parecer, un escritor o un periodista al servicio del estado no son suficientes para causar pánico. Quizá yo no comparta las formas de mis miedos con el resto de la población.

Mis amigos me dijeron que faltaba una amenaza directa, sangre o presión psicológica. Eso a mí no me causa miedo. Un muerto está muerto y tres personas paralizadas por un psicópata, al final, son sólo tres personas asustadas. Eso no es miedo, es empatía.

Miedo es pensar que, al menos, somos libres en nuestra forma de pensar y que no lo seamos. O que nos permitan ser rebeldes dentro de una jaula ideológica establecida. Que haya gente formada explícitamente para generar polémicas autoconclusivas que nunca lleven a ningún fin. O generar un grupo de escritores de best-sellers con contenido vacío, para que la gente, simplemente, lea sin pensar. Eso, para mí, es miedo.

Sin embargo, los editores parecían compartir la idea de mis allegados y rechazaron publicar mi relato. Alegaban que no se iba a vender. Yo insistí, rebajando mi caché. Fui rechazado con malas formas, como si fuera un escritor novel.

Resuelto a que lo leyera alguien, lo presenté a varios concursos, pero no recibí respuesta alguna. Finalmente, me llegó a casa la citación y me trajeron aquí. Al parecer, a alguien le gustó el contenido de mi cuento y me han ofrecido un empleo fijo. Mañana daré el discurso de apertura del primer curso de la UIE: la Universidad Interna del Estado.

khajine

"Lo que es, es. Lo que no es, no es. Algo no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo lugar". Salvo los sinsentidos. Los sinsentidos son sinsentidos y no son sentidos, lo que corrobora la primera regla, pero, si su sentido es ser un sinsentido, ahí es cuando deja de tener sentido la cosa.

Yo soy escritor porque escribo pero no puedo escribir tanto como me gustaría ni tan bien como quisiera. Eso me convierte en un laico de la escritura. Para romper con ello, escribo más de lo que puedo y mejor de lo que sé. Soy "amateur" porque adoro escribir pero, también, "odiateur" porque, a veces, pierdo el Norte y no me convenzo ni a mí mismo en mis letras.

Por ello, como introduje, soy y no soy a un tiempo. O, quizá, soy y no soy a diferentes tiempos o de forma dependiente de para quién.

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