Mi nuevo hermano (Parte 1)

Tenía yo 15 años cuando sucedieron los acontecimientos que voy a relatar y que tanto cambiaron mi vida. Me llamó Martín. Por aquel entonces, yo vivía con mi madre, como había sucedido desde que mi padre desapareció sin dejar rastro más de 10 años atrás. En verdad yo no consigo recordarlo, aunque ella lo pasó muy mal y durante bastante tiempo se fue dejando dominar por la tristeza. Por fortuna para ella todo eso empezó a cambiar hace algo más de dos años, cuando conoció a Antonio, un hombre que conquistó su corazón y le hizo creer de nuevo en el amor. Esa relación trajo alegría a su vida y un nuevo brillo en su mirada. Para mí poco cambiaba. De vez en cuando veía al tal Antonio, pero mi madre mantenía una relación en la que nuestro mundo de dos quedaba separado de alguna forma de su propia relación con él. Por eso, su decisión, anunciada de repente, fue para mí una gran sorpresa. Nos íbamos a vivir con Antonio, formaríamos una nueva familia en la que conviviríamos todos juntos. Para aumentar mi sorpresa, me enteré por primera vez de la existencia de un nuevo hermano para mí. Antonio tenía un hijo, llamado David, fruto de un primer matrimonio que acabó de forma trágica con la muerte prematura de su esposa.

El cambio de domicilio suponía todas las molestias que puede acarrear a un adolescente como yo. Pero, la decisión de mi madre era firme y yo conocía perfectamente su temperamento y sabía que cuando afrontaba algo con determinación era muy difícil que cambiara. Así que, una mañana primaveral y luminosa nos encaminamos a lo que iba a ser mi nueva casa. Cuando llegamos, nos esperaba en la puerta Antonio, para darnos la bienvenida. Aquella fue la primera vez que vi a su hijo David y conocerle me causó una excelente impresión. Era un chico rubio con los ojos azules, algo bajo y menudo, que aparentaba no tener más allá de 10 años, aunque ya había llegado a los 12. Para resumir todo lo que me pudiera parecer David tendré que decir que era un chico muy guapo, con una sonrisa luminosa y atractiva. Sin poder evitarlo, en un momento, me sonrojé al pensar que de repente tenía como hermano un chico que me gustaba mucho. Además era simpático y amistoso y me acogió desde el primer momento como el hermano que desde entonces iba a ser para él. La verdad es que desde el primer momento advertí que entre los dos las cosas iban a ir muy bien, que sería fácil que fuéramos buenos amigos. Y ese pensamiento me turbó aún más y una leve sensación de aleteo en el estómago me anticipó la posibilidad de que para mí llegara a ser algo más que amistad lo que llegara a sentir por aquel chico.

Se decidió que compartiría cuarto con David. Parecía una decisión completamente normal, ya que ambos éramos dos chicos de edades parecidas y podría ser incluso divertido que durmiéramos en la misma habitación. Para mí, aquello me causó sensaciones contradictorias. Por un lado tendría ocasión de verle más a menudo y tener mayor intimidad. Pero, al mismo tiempo sentí miedo de llegar a querer un imposible, de enamorarme de mi nuevo hermano y tener que sobrellevar la situación en silencio. En cualquier caso, los dados del destino estaban lanzados y los resultados estaban escritos en un pergamino de futuro que yo todavía estaba lejos de adivinar.

… fin de la primera parte.

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