¡MI NIÑO!, ¡MI CIELO!.

Sigues siendo el niño

que jugaba a ser mayor

tierno como un cachorrillo

suave como el algodón.

 

El que inspira tanto amor

del que sientes hasta miedo

porque nunca antes tuviste

esa enorme sensación.

 

Que afloró como algo nuevo

algo en mí desconocido

un instinto de repente…

un algo que fué muy fuerte.

 

Ni imaginado hasta entonces

así, como fuese un sueño

que aún me dura día y noche

como en este mismo momento.

 

Aún es más, ha ído creciendo

no quedó nunca estancado

medró como medra el árbol

mi ilusión creció con ello.

 

Lo que no llegué a pensar

que ese recuerdo, algún día

me daría, a partes iguales

el amor y el sufrimiento.

 

Un amor desmesurado

a tal extremo llegado

que en mi alma y corazón

llegara a quedarse preso.

 

Que a la vez, de forma igual

y con el paso del tiempo

produjo de igual manera

sufrimiento y grandes penas.

 

Me quedé sin el niño que adoraba

sin el hombre que él que soñaba

crecí sola, sin apenas enterarme

si ese niño íba creciendo al mismo tiempo.

 

Colgado quedaste en mi recuerdo

tus cartes releí más de mil veces

pensando que el destino de las nuevas

irían a otras distintas direcciones.

 

Si serían iguales o distintas

si pudieran ser aún, más de bonitas

si querías más aún que a mí lo hacías

y si alguna línea a mí, las repetías…

 

Si de igual forma que conmigo conquistabas

si a más de una, o a una sola destinabas

si sentiste algo distinto que en las mías

si con ellas, como a mí, enamorabas…

 

No pensaba que pudieras superarlas

y si aquellas para mí eran exclusivas

o si aquellas eran sólo fotocopias

para rendirlas a tus pies como a mí hiciste.

 

Mucho empeño ponía en olvidarte

cuanto más, el efecto era contrario

nunca pude olvidarte, cielo mío

porque nunca llegué a dejar de amarte.

 

Sigues siendo aquel niño al que adoraba

aunque sigues jugando a ser un hombre

por fuera lo serás, no cabe duda…

por dentro eres el “peque” de mis sueños.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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