UN ANTES Y UN DESPUÉS.

Vivo con gran horror y terror la pandemia que ataca a todo el mundo, un virus asesino que no tiene piedad de nadie. Estamos todos con iguales sensaciones, solamente los inconscientes se salvan de ellas…

Vivo angustiada, no por mí, sino por los que me rodean, de un país y de los muchos que forman la tierra… no hago más que pensar en aquellas personas que lo padecen y de tanta que no ha podido superarla, de sus familias que no pueden velarlas. Sufro por ellos como hace tiempo no sufría, no lo puedo remediar por muchas tareas que me imponga y por mucho que quiera distraerme, no lo consigo, aún en los momentos que, supuestamente, tendría que tener la mente en otro lado. Soy incapaz, no puedo contenerme no tengo las fuerzas de las que antes me ayudaban a salir de algún problema…

Esto es tan serio que en ningún momento podríamos imaginarnos que nos ocurriera.

Todos hacemos planes para un futuro, el mucho o poco que nos quede, así lo hemos hecho desde que tenemos uso de razón e ilusiones desde niños y aunque no se cumplan tenemos esperanzas de que se consigan. La esperanza nunca se pierda por muy negativos que seamos en algún momento. Los sueños son libres y aunque estemos dormidos los vivimos como reales y, de los que despiertos hacemos, quizá sean los más deseados por la fuerza en que los deseamos.

Vivo pensando que, cuando esto acabe, porque tiene que acabar… no se puede apagar la vida de esta manera ni de otra, hay a quien hemos creado y cada uno que les queda mucho por vivir, por soñar, por cumplir o intentarlo sus ilusiones, todavía tienen que tener la oportunidad que nosotros tuvimos.

Vivo con la certeza de que esta calamidad nos sirva para ser mejores,  con amor, y dejar los odios en el pasado. No creo que podamos cambiar el mundo pero sí tratar de mejorar y arreglar lo que todavía queda pendiente. Se me antoja crear un sueño que se haga realidad, que seamos más humanos, comprensivos, ayudarnos mutuamente y en definitiva, pensar en los demás.

Vivo con una pequeña gran ilusión, quizá  un sueño no realizable, imposible de cumplir. Que todos fuéramos libres, dependientes de sí mismos para darnos al prójimo en los momentos que nos necesiten. Ser todos iguales, tener los mismos derechos al igual que obligaciones, que no existiesen los gobiernos, que fuésemos como una tribu aunque volvíesemos a los «taparrabos», ( eso sí, sin comernos unos a otros). Ser comprensibles, solidarios abrazar los ideales y posturas por igual, o aunque no se coincida con las ideas, tratar de dialogar sin llegar al enfrentamiento. Olvidar el pasado y comenzar desde cero, habrá que hacerlo para sufragar con nuestros errores el daño que hemos hecho, aunque a veces, por muy increíble que fuese, «sin querer».

Vivo con esa esperanza, aunque llevo días llorando porque me falta eso mismo que tanto deseo, porque dudo de que pueda pasar, porque tengo un miedo inmenso, porque me cuesta creer que esto nos esté pasando. Porque me dá una congoja extrema tanto sufrimiento y porque todavía no comprendo que hoy en día se tenga que escoger entre una u otra vida… que se esté estrenando una eutanasia forzada por unas circunstancias que nunca han debido de llegar. Cambiemos lo que nos tiene que hacer cambiar, que el DESPUES sea bueno para todos, y ese ANTES quede de recuerdo de todo lo bueno que anteriormente hemos disfrutado, que este horror pase como una pesadilla de la que despiertas aliviado pensando que ha sido sólo eso.

 

 

 

 

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