El ruido entre un silencio y un silencio

Somos el ruido entre un silencio y un silencio,
apenas una palmada sin eco.
Un meteoro que, definido por su caer,
se arrastra jadeando a su destino.
Si no existe alternativa en la razón
sólo existe la razón del desatino.

Somos gotas de lluvia en suelo seco
condenadas a evaporar sin ser notadas.
Casi el gris en un acervo de colores.
No nos queda salvación ni en el lamento
si nuestra esperanza recae 
en quien comparte nuestro sino.

El primer paso consiste en aceptarlo y atender
que no somos un solsticio estival en pleno invierno.
El segundo, consiste en comprender
que asomarse a este vacío nos desgasta;
todos estamos hechos de esta pasta
que algunos llaman lodo y, luego, carne;
y, otros, con la vela más prendida,
definen como materia dispensable.

Cuerpos en vilo dando tumbos hacia el nicho
incapaces de alejar mediocridades.
El tercer paso lo ocupa el que claudica o se rebela
y busca redención en su progenie.
Dejar, pues, de aspirar hacia lo eterno
a veces es razón,
otrora, cobardía.
khajine
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