El principio de un final (Cap. 1.1/3)

CAPÍTULO I -hay prólogo-
1ra PARTE

No sé cuánto tiempo pasó, ni si pasó el tiempo, lo único que sé es que para mí fue como si no hubiera pasado ni un segundo. Estaba confundida, pero allí estaba… abriendo los ojos, aunque los párpados me pesaban cómo si de toneladas se trataran. Estaba estirada al suelo, y todo mi cuerpo también me pesaba…
– Vamos, levanta- era una vez masculina… ¿pero de quién? ¿Quién me habla?
Al abrir los ojos, descubrí que estaba en un desierto de arena blanca, había dunas y el cielo era completamente azul, con el sol en lo alto… pero yo no sentía su calor, ni tampoco el calor de la arena que debería de proporcionar.
Puse ambas manos en posición para ayudarme a levantar, me sentía cansada, con dolor de huesos… y la cabeza sobre todo, me dolía la cabeza. Era casi inaguantable. Me puse de pie finalmente, con dificultades y colocándome una mano en la frente, para mirar a mí alrededor y mirar quién me había hablado.
Al girarme, descubrí un chico de aspecto débil, pero muy guapo (por qué negarlo), tenía el pelo castaño, peinado en punta hacia arriba con desorden y desgana; los ojos eran claros, un verde grisáceo, aunque era extraño ver que no transmitían absolutamente nada, ni siquiera brillaban. Era alto, me sacaba una cabeza y media, era delgado y no parecía tener ningún interés en nada. Iba vestido con una camiseta de manga larga que parecía muy fina blanca, cosa que hizo darme cuenta que yo iba vestida con un vestido del mismo género que el de él, blanco también, y de tirantes.
– Hola. ¿Quién eres?- le pregunté sin cortarme, creo que se notó que el saludo era más por cordialidad que por otra cosa. Me sorprendió que yo tampoco tuviera interés alguno.
Me miró con aquellos ojos verdes grisáceos. Quizás le apareció una pizca de curiosidad en la mirada pero volvió a mirar al frente enseguida.
– Me llamo Knives, y acabo de llegar… un poco antes que tú, quizás. Hace más rato que estoy despierto.- su voz era ronca y masculina, cortante, arisca; me miró de nuevo- y antes de que preguntes: No, no sé lo que hacemos aquí.
No respondí. No valía la pena. Se notaba que no quería hablar conmigo, y yo tampoco tenía ganas de hablar con él. Ni con él, ni con nadie. Aquello era raro. Ni siquiera podía recordar cómo había llegado hasta allí, ni porqué estaba allí. Y esto me mosqueaba.
¿Sería un sueño?
Un remolino de arena apareció ante nuestros ojos, ambos lo miramos curiosos… sin miedo, solo curiosidad, cómo si supiéramos que aquella cosa no nos iba a hacer ningún daño, y esto también era extraño, porque está demostrado que el ser humano tiene miedo a lo desconocido. Siempre, o casi siempre. Pero nosotros no, al menos yo no, miraba a aquel remolino de arena con indiferencia total.
De entre el remolino, apareció un hombre. Sí, un hombre. Llevaba una capa con capucha que lo cubría por completo, ni siquiera las manos se le veían. Seguí mirándolo.
– Soy Fran Missouri… y seré yo quien os guiará por el camino que habéis elegido…- su voz era aun más ronca que la del chico de mi lado, y se arrastraba cansada, además hacía hueco como si hubiera un enorme vacío dentro de su capucha, aquello sí que hizo ponerme la piel de gallina, aunque no entendía lo que quería decir con aquello de que nos guiaría- Sé que no sabéis de lo que hablo… porque… no recordáis absolutamente nada de antes de llegar aquí… Por eso yo os guiaré, para que recordéis… lo que pasó…- no estaba segura. Pero creo que esbozó una sonrisa al decir aquello.
El chico, Knives, no preguntó nada. Yo también me mantuve en silencio, aunque tuviera mil y una preguntas en la punta de la lengua.
– Lo primero que tendréis que hacer…- prosiguió, girándose y mirando al desierto- Será travesarlo…- volvió a girarse y noté sus ojos encima de nosotros, mirándonos. Yo miré el desierto y lo miré a él. No pude evitar una sarcástica carcajada.
– Es una broma, ¿no? ¿cómo vamos a travesar un desierto?- le pregunté.
Movió los brazos, dejando entrever unas manos esqueléticas… literalmente. Parecían huesos, casi no tenían piel. De un segundo movimiento, enfrente de nosotros, aparecieron dos mochilas de excursionista, cargadas hasta los límites.
– A partir de ahora… empezaréis a sentir el calor de nuevo… buen viaje…
Un nuevo remolino apareció ante nuestros ojos… y se lo llevó. Dejándonos a Knives y a mí solos, de nuevo, pero esta vez con dos mochilas delante de nosotros y con el calor empezando a abrasar nuestra piel.
– ¿Has entendido algo?- me miró de nuevo, esta vez pude entrever amabilidad en su mirada. Me gustaba observar miradas distintas… y también sonrisas, pero él no sonreía. Yo tampoco.
Negué con la cabeza.
– Ni idea… pero esto es muy raro- admití, mirándolo de reojo. Sí, era guapo.
Observé cómo se colgaba la mochila que más pesaba a la espalda, y yo hice lo mismo con la otra mochila, y empezando a caminar en silencio detrás de él.
         Las preguntas me comían por dentro, no sabía qué hacía allí, pero todo parecía tan real que se hacía difícil creerse que era un sueño… y lo peor de todo es que no recordaba absolutamente nada… solo un fuerte golpe que había provocado que me siguieran doliendo los huesos. ¿Qué hacía en mitad del desierto un día cualquiera? ¿Y mis padres?
Me detuve.
¿¡Y mis padres!? ¿Por qué no recordaba sus caras? Solo recordaba unas sombras negras… no tenían rostro. Ni mis amigos, ni amigas; no recordaba absolutamente nada, ni a nadie, ¿¡por qué!?
– ¿Estás bien?- me preguntó él, girándose y mirándome, pero no se acercó.
– ¿Por qué no recuerdo a mis padres? ¿Qué es lo que está pasando?- además sentía el calor en mi piel… la poca ropa que llevaba empezaba a sobrarme también.
– Ya nos lo ha dicho el Encapuchado, no nos acordamos de nada antes de llegar aquí- sí, lo había dicho, pero ahora es cuando me daba cuenta que realmente no me acordaba de nada, ni siquiera del día en qué había nacido… esto podía no parecer importante pero es una fecha que la gente no se acostumbra a olvidar…- Tenemos que travesar el desierto, entonces encontraremos respuestas, ¿vale?- me cogió del brazo, estaba delgada, así que no le era difícil rodearlo con su brazo pero… no me gustó, y me separé inmediatamente de él, mirándolo con rabia a la cara y a los ojos.
– ¡No me toques!- le chillé, separándome de golpe y cayéndome al suelo de culo.
Ni siquiera yo entendía por qué había tenido esta reacción. Él me miró, clavando sus verdes ojos en mí, por un momento juraría que habían brillado… ahora estaban vacíos de nuevo.
– Perdona.- respondió sin más, girándose de nuevo y volviendo a caminar, sin esperarme.

1 Comentario

  1. por Zilniya publicado el 16/07/2009  12:43 Responder

    Uhhhh!!! Esto está interesante! Estarán muertos, en una especie de limbo? Se conocerían de antes? El tipo de la capucha tiene todos los puntos para ser la muerte.

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