Exorcismo

¿Cómo lo hago? ¿Me lo explicas tú? ¿Me dices cómo me olvido de nuestros secretos y de tus ojos? Por favor. Pórtate bien, y dime cuánto tiempo durará esta nostálgica ruina, esta ruinosa nostalgia que siento al recordar tu piel. Vamos, valiente, ¿me dices cuántas noches tengo que soñar contigo, cuántas lágrimas tienen que caérseme sin permiso? Dime qué hago para no pensar en ti. Te estoy desafiando.

¿Puedes? ¿Puedes darme el remedio a tu desamor? ¿Me dices cómo te olvido?… Porque deberías decírmelo tú. Justamente tú, que me metiste en este berenjenal. Deberías sacarme. Tú, que te encargastes de protagonizar tantas escenas inolvidables. Deberías explicarme cómo te olvido.

Dime algún conjuro para olvidarte, uno de esos que grita Willow, con una rima apropiada, de los que te gustan, o una regla de tres de esas que te gustan casi más, o dame las piezas con el dibujo del puzzle, de esos que también te gustan,… Dime la ecuación de los algoritmos. Dime los movimientos que tengo que hacer en el cubo de rubik. Dime las reglas del juego, las normas, o mis derechos, o el valor secreto de la «s» en el problema, por poner una que no sea la «x» . «S» de senda, de sexo y de sentimiento, por ejemplo. Dime dónde está el botón que al ser pulsado me dotará de la amnesia selectiva necesaria para eliminar tus sonrientes promesas de mi memoria. Dime cuál es esa sobrenatural palabra que si pronuncio tres veces con los ojos cerrados derribará tu monumento. Dame el secreto. Dame ya la pócima de meiga o las instrucciones de uso, si es que las tienes. Dame ya el secreto para olvidarte, si es que existe alguno.

Vamos, sé tan bondadoso como crees ser, y dame ya el poder para olvidarte. Para no pensar en ti cada ocho minutos, para que no se me encoja el corazón todos los minutos novenos, para que no me escuezan los ojos cada diez minutos, seis veces en una hora, y para no sentir que una hora contiene un par de días, y para no creer que los días sin ti son tristes y absurdos, y para no recordar que tu abrazo elimina toda mi tristeza…

Dame la ciencia diabólica y alquimista que debes dominar para controlar al amor, esa teoría escrita con sangre y pluma en un papel amarillento que deberías tener guardado en la trampilla oculta dentro de la chimenea, la declaración de independencia que no me concedes,… Vamos, saca ese as de la manga o el sombrero, tú que me miras condescendiente a veces, y otras veces compasivo, y otras tan arrogante… No te creas tan listo, o dame el resultado de mi problema. Dime el secreto. Confíame las últimas palabras del profeta que iba vestido de bufón, las que susurró en tu oído mientras expiraba, las que se precisan junto al plateado amuleto con forma de serpiente que su mano, inerte, dejó a la vista,… ese amuleto que puesto en la cuarta piedra negra de los escalones del laberinto, el antepenúltimo día del quinto mes, ilumina el pasadizo que me lleva a tu olvido.

Venga, saca la carta que tienes escondida, creo que la he visto desde aquí… No te hagas el remolón, y suéltalo de una vez. Dime el secreto, desvélame el misterio, cuéntame ya el truco: la solución para olvidarte. Revélame los procedimientos del pagano ritual que debo hacer en el bosque. Ese donde tengo que estar desnuda gritando tu nombre mientras la lluvia resbala por mi piel para devolver tus añoradas caricias a la tierra. Apenas necesito que me concretes unos detalles, y me digas, sobre todo, el lugar exacto donde debo hacerlo. Dímelo. Dame de una vez la daga con los símbolos sagrados, esos que son números Pi, y ochos volcados que también podrían ser esposas, y los esquemáticos dibujos de unos tacones, y la constante repetición de dos círculos concéntricos,… los símbolos que atravesarían mi pecho sin dañarlo, que restaurarían su alegría sin recuerdos, que me vaciarían de la necesidad de tu calor. Vamos, dame la daga para curarme y matar lo que fuimos, o ponme tres pruebas de fe que determinen mi valía para obtener el Santo Grial.

Dime cómo encuentro la tranquilidad en tanta angustia. Deberías saber cómo resolver mi pena. Tú, tan consciente cuando quieres hacerte notar, deberías saber cómo pasar desapercibido. Así que dime cómo te olvido. Debes tener la respuesta. Deberías tenerla tú, que con tanta ironía tratas mi fidelidad y mi pasión,… tú, que presumes y sonríes cuando desprecias la grandeza del amor,… Deberías decirme qué hay que hacer para no pensar en ti, para no relacionarte con las cosas de forma innata, para no despertarme con el eco de tu voz. Deberías contarme el método que tienes para borrar a una persona de tus deseos y tus recuerdos. Vamos, di una frase en latín y expulsa al enamorado demonio de mi cuerpo. Haz una teletransportación y vete lejos de mi cerebro. Deberías saber hacerlo. Tú, que tan rápido parece que superas las cosas. Tú, que puedes leer la poesía más ardiente o desesperada sin pararte a tragar saliva.

Suelta la lengua, alza las manos, abre la caja de Pandora, levanta la manta, aparta el dado trucado, enséñame la habitación prohibida, muéstrame el atajo entre las zarzas, mírame a los ojos, confíame el secreto, y dime la respuesta al enigma de cómo te olvido. Venga, listo… dime cómo te olvido. Dame la fórmula milenaria, o la fuerza sobrenatural para no pensarte, o concédeme el milagro del retroceso en el tiempo para rechazarte, o regálame unas gafas futuristas que sepan nublar mi visión para no verte, ni siquiera con los ojos cerrados. Vamos, valiente, échame un polvo mágico que me haga despedirme de tu cuerpo.

Por supuesto, tienes que hacerlo. No puedes esperar que te olvide si no me practicas algún tipo de exorcismo.

onanistaenamorada
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3 Comentarios

  1. acubo dice:

    Me parece una forma muy bonita de contarle a eso que fue y ya no es, que aunque te duele, más que a él, quieres liberarte de una vez por todas.
    Me gusta mucho eso de «Sé tan bondadoso como crees ser» 🙂 Creo que es la mejor parte de tu súplica. Sin duda. Es como desenmascarar al culpable, y hacerlo ver como realmente es. En el fondo, creo que estás enfadad con él también.
    Un único defecto la «S» final de «metistes», sobra.
    Por lo demás, magnífico relato

  2. onanistaenamorada dice:

    corregida la «s». tengo un problema con las terminaciones de los verbos, los laísmos y esas cosas… formas de hablar.

    me alegra que te guste y que hayas remarcado esa frase me mola. tengo algunas frases preferidas en este texto y esa es una de ellas.

    gracias por leer y criticar.

  3. acubo dice:

    No te preocupes, que yo como buen gallego que soy, antes apenas utilizaba los tiempos compuestos, no les encontraba la diferencia en el uso, porque nunca los usábamos. Pero ahora ya, desde que ando por las Castillas, algo se me va pegando, y defectos tenemos todos. Esque hacía algo feo ese gran relato, nada más.

    Y nada, chica, nada. Cuándo algo merece ser comentado es por algo, y para mí es un placer hacerlo 😉

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