En el límite de la fantasía.

Sobre mi cabeza caían pequeñas gotas de un océano que cubría el cielo, que se revolvía produciendo grandes olas que se acercaban pero que al final amainaban y volvían a subir. Observé mi reflejo agitado en el agua mientras lentamente y con cuidado me iba aproximándome hasta el borde del precipicio. Asomé a un enorme cielo azul, con pequeñas nubes y un sol radiante. Entonces, agachándome, y dejando las piernas suspendidas en él, me senté. Cerré los ojos…, respiré hondo…, y estirando los brazos, saboreé un momento de paz aderezada con libertad.

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