La desnuda

Está la carne ardiendo en la penumbra,

la mirada reverbera, deseosa,

la boca muerde una flor que perfuma

su esbelto desnudo dorado y rosa.

 

Muy garboso el cuello escultórico

labrado en mármol de oriental artista,

yergue el pectoral dos vasos cónico

pulidos en esfera alabastrina.

 

Entre las piernas revienta la hambruna:

¡Ah! los muslos ebrios y voluptuosos,

se exaltan sensual en alba moldura

 

como áspides en un ferviente dorso,

cuya matriz de vehemente bravura

holgando está en su insaciable gozo.

Uvaldo Ugarte
Últimas entradas de Uvaldo Ugarte (ver todo)

Deja un comentario

Tu dirección de email no será publicada