FOTOS EN LA MADRUGADA ASESINA

FOTOS EN LA MADRUGADA ASESINA
-Buenas noches, me llamo Donna Redstone ¿Podemos vernos dentro de tres horas? – sonó una frágil y educada voz femenina al otro lado del auricular- Conseguí su teléfono y supe de su trabajo a través de un discreto tipo de la Zona Oeste de New Jersey llamado…llamado…¡Ah, sí!  Will “El Chapas”, así le apodaban…
 —
– “El Chapas”, sí, un tipo de fiar. Continúe señora – le contestó fríamente una ronca voz masculina.
 —
– Bien, le diré donde quedaremos. Acuda usted hacia la una de la madrugada al Bar de Joey Sullivan en el nº28 de la Calle Hummer. Me reconocerá porque llevaré un vestido largo de color azabache con un broche dorado.
 —
– Conozco el local, allí estaré. Ni que decir tiene que ha de venir sola, traerme dos fotografías de cada persona y largarse luego con rapidez o no escucharé su trato- le advirtió él.
 —
– Sí, de acuerdo, tardaré solo un momento. Se me olvidaba, he de añadir una cosa más. Le pagaré al final y además…. -comenzó explicando ella.
——–
1:05 de la madrugada.
La mujer ataviada con un distinguido vestido negro entró caminando despacio en el local acordado. No había nadie salvo un despistado camarero con ganas de cerrar y dos borrachines sentados, más cerca de caer dormidos éstos que de estar sobrios.
 —
– Aquí, señora. Me llamo Jimmy-  la advirtió el hombre al reconocerla- Siéntese, hable bajo, deme las fotos y váyase luego rápido.
 —
– Ha de matar usted esta misma noche a estas dos personas que salen en las fotografías que me pidió. Es totalmente necesario- comenzó pidiéndole Donna Redstone  a Jimmy “El Anguila”, mientras ella le alargaba con discreción las instantáneas.- Ya le he dicho por teléfono como localizarles  y donde estarán dentro de un cuarto de hora. Insisto en que le pagaré luego, en un momento, cuando usted termine el trabajo. Llevo el dinero aquí ¿Lo ve?
 —
Jimmy clavó los ojos en el intuitivo barman al modo en la que solo mira un depredador de su estirpe y le hizo unos leves gestos que significaban “Ni a ella ni a mí nos has visto, así que el pico cerrado”. Joey Sullivan, lo entendió enseguida y es que no era el primer tipo de esa calaña que entraba en su establecimiento.  El camarero le dio la espalda al mostrador, mostró una expresión del tipo “Oir, ver y callar” y siguió limpiando vasos.
 —
– Sí, ya veo que lleva la pasta usted ahí.  –  expresó él ante el gesto de ella de entreabrir su bolso para enseñarle la cantidad. – Me fío de su palabra.
 —
– Ya sabe – prosiguió Donna Redstone que no me importa lo que deduzca la policía, lo que quiero asegurarme es que no le incriminen a usted ni le relacionen conmigo.
 —
Jimmy miró, un momento, las fotos que Donna le acababa de entregar discreta y apresuradamente. No había visto nunca antes a las víctimas y esa misma circunstancia era la situación normal para un asesino a sueldo como él, sin embargo, hizo una rápida pequeña mueca casi casi imperceptible.
 —
– De acuerdo señora, así lo haré. Descuide, la “pasma” no me atrapará- le dijo él a ella secamente.- Dejaré una pista falsa para incriminar a un enemigo mío, un atracador que maneja rifles de larga distancia llamado Miguel “El trampero”. Le anda buscando la “bofia” y será el primer sospechoso. Estoy seguro que le cargarán el muerto, nunca mejor dicho.
 —
– No yerre y cárguese a los objetivos, Jimmy, se lo ruego e insisto: quiero que las personas las dos personas de las fotos mueran esta noche. Adiós.- suplicó ella finalmente antes de hacer un ademán de levantarse del asiento e irse.
 —
El detective Tony Dagger, con las venas saturadas de Jack Daniels, había localizado y descubierto a su ex – esposa Donna en Joey´s Bar, aquella taberna lúgubre y mugrienta en la parte Sur de New Jersey. En la calle, a unos  10 metros de la ventana del antro, con la vista algo doblada por el alcohol, miraba la escena que él creía de dos tortolitos.
La espiaba siempre y ahora la observaba con su supuesto amante, al cual Donna entregaba ¿¿dos fotos de ella con dedicatoria amorosa y besos de pintalabios??… Eso se pensó Tony. Era tan ruin que él se jactaba ante los amigos de tener hasta dos amantes desde hacía tres años y a su pobre esposa (recién ex, mejor dicho) no la permitía ni hablar, siquiera con otros hombres.  Así que, Furioso y haciendo eses, un borrachuzo Dagger entró por la puerta, llevándose Donna y Jimmy un buen sobresalto.
 —
– ¿Tony que haces aquí? Él…él…solamente es un amigo- balbuceó aterrorizada la bella mujer, a la cual no le había dado tiempo a irse del bar.
 —
-¡¡Venga, vámonos!! y tú, como te llames, ya ajustaremos cuentas en otra ocasión y en otra parte, ¿eeeh? “novio de mi mujer” –le amenazó Tony al otro hombre.
 —
Segundos después, ante un impertérrito Jimmy, el siempre  extremadamente celoso Tony Dagger se llevó a Donna sujeta violentamente  por el brazo; insultándola delante de los escasos y beodos clientes del tugurio y empezando una discusión en la calle:
 —
– ¿¿Que hacías con ese tío?? ¡Eres mía incluso después de que te mueras!
 —
-¡Yo no soy de nadie y deja de seguirme todos los días. Siempre me montas escenas delante de la gente ¡Estoy harta de ti! Te recuerdo que estamos divorciados hace 10 días. ¿Por qué no te vas con esas dos pelandruscas tuyas? ¿O crees que no lo sabía ya hace tiempo?
 —
– Pero ¿de qué hablas? Estás completamente paranoica – negó él con una sonrisa irónica.
 —
-¡Mira, mira, toma, toma, mentiroso! Ahí te arrojo  varias fotos que tenías de cada una en tu cajón de tu mesa de trabajo!- gritaba Donna con los nervios rotos y con lágrimas por toda la cara, lanzándole despectivamente las innegables pruebas.
 —
Tony había arruinado la vida de ella hace tiempo. Una paliza en el mes anterior (de las innumerables que le había dado), finalizó con un golpe en la cabeza contra Donna, el cual le había derivado en unos  violentos mareos que no presagiaban nada bueno. Ella ya no podía más, se hallaba al límite.
En medio de graves  improperios y pelea ex – matrimonial por lo de Jimmy en Joey’s Bar y por lo de las dos “queridas” del propio Dagger, ella y el malnacido de Tony arribaron por inercia hasta una solitaria plaza cercana que frecuentaban hacia 15 años; incluso desde que fueran novios. Sin darse cuenta, siempre acababan en ese lugar. Desde que salieron del local, ella se había pasado todo el camino sollozando desconsoladamente, pero, de repente, aconteció un brusco cambio en su cara y rió con gran malicia. Aquella burlesca faceta  apenas nunca antes se la había visto su ex – marido, el investigador privado.
 —
-¿Te gustó como representé mi papel? Sabía que me seguirías hoy, como siempre. Los constantes y enfermizos celos que otras veces tuviste, Tony, ahora te costaran caros. Incluso le había dicho a Jimmy que fingiera  una gran sorpresa cuando entraras a por mí. Te tendimos una trampa. Cuando le entregue las dos fotos al hombre del bar, sabía que estarías mirándonos   y espiándonos desde ahí fuera en la calle –se carcajeó Donna aunque con el alma quebrada en el fondo de su ser.
 —
-¿Pero… pero…pero…. que dices? No entiendo ahora absolutamente nada de lo que cuentas – reprochó él,  algo confuso también por el alcohol, pero con inminente intención de apalearla por enésima vez.
 —
Fue lo último que el detective balbuceó estúpidamente porque a Tony no le dio tiempo a más,  ya que una bala hizo volar sus sienes. Donna cerró los ojos y rezó para que Jimmy no fallara con ella tampoco. Otro susurrante ¡piuggg! reventó su  preciosa testa y estropeó sus rizados cabellos.
El francotirador apodado “El Anguila” por su legendaria velocidad para escurrirse, quitó el silenciador y guardó en su funda su pequeño pero ultra-preciso rifle; con el cual había disparado a 30 metros de distancia. Había esperado el momento justo de cuando la pareja llegase a la plaza para luego encañonarles con su arma. Sabía perfectamente que la policía no lograría incriminarle ni tampoco averiguarían que la propia Donna Redstone era la organizadora del turbio asunto. Se acercó al cadáver de la mujer que le había encargado aquel trabajo y le extrajo los 20.000 dólares de su bolso, el cual dejo abierto, tirado y desordenado. Aquello debía parecer un atraco. La cantidad de dinero mencionada era el justo acuerdo económico con la suicida Donna, a la cual  Jimmy nunca había visto antes de aquella asesina madrugada.
 —
– Aunque para mí lo de pedir las fotos de mis víctimas es rutina, ha sido usted peculiar en ésto mismo y en la forma de montar su propia muerte y la de su marido – le dijo él en voz baja a la ya mujer difunta.
 —
Jimmy “El Anguila” Cormack  jamás había sentido lástima por nadie pero, por una vez en su vida, pensó en las buenas personas que no pertenecían a su sórdido mundo y se imaginó como sería aquel sentimiento. Intento sentir algo que se le aproximara a tener pena acerca de Donna Redstone.
Nadie debía sospechar que ella misma había organizado su propio asesinato y el de su ex esposo, así que cuando llegase a su guarida quemaría las fotos de Tony y Donna, las cuales ella misma le había entregado antes.
 —
– Era lo que la sra. Redstone quería – pensó el profesional de la ejecución.
 —
  Antes de alejarse y perder de vista los cadaveres, el asesino soltó a 25 metros de distancia un casquillo de bala de otro tipo de arma que utilizaba su rival, Miguel “El trampero”, atracador profesional. El propio Jimmy había conseguido recoger ese pequeño cartucho metálico tras un descuido del otro, el año pasado; tras unos disparos del propio Miguel a otra gente. Ya se encargarían los sabuesos de la comisaría de encontrar, esta vez, la pista “despistadora” dentro de dos o tres horas; ante la alerta de los vecinos. Una vez, hecho ésto con sumo tiento, “Anguila” Cormack se esfumó velozmente en la noche de New Jersey como era su costumbre habitual.
                                                                             —
Texto disparado por Txus Iglesias.
Txus Iglesias
Últimas entradas de Txus Iglesias (ver todo)

Deja un comentario

Tu dirección de email no será publicada