Mi más desquiciado sentido

Hueles a tierra. Hueles a hombre. Tu piel tiene el olor del viento, olor que viene y va si entrecierro los ojos. Te escapas y vuelves, cada vez perfumado de nuevas sensaciones. Hueles a miedo y esperanza. Hueles a lujuria, hueles a ternura. Si la pasión ardiera, tú serías el olor del fuego. Hueles a tarde de pueblo, cuando el calor se pega a los pequeños cuerpos que juegan en los patios. Pero te escapas con el gong que llama a la mesa, con voz de mujer, desde los balcones. Vienes y vas y tu sudor se respira con calma; a veces con el misterio de lo conocido, a veces como un pactado misterio. Te escapas y vuelas, pero es que tu aroma no lo pueden retener las manos. Te intento agarrar y me asfixia el esfuerzo. Pero es en vano, porque te vas, te vas como los ríos de fragancias se retuercen a su antojo. Y, como un guiño, me dejas ese recuerdo tuyo en el aire, recuerdo que se desvanece si no vienes con tu aliento de sueño y café a recordárselo a mi mañana.

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4 Comentarios

  1. Zilniya dice:

    Deliciosamente poético, sabe a… vainilla con colacao! XD

  2. Anónimo dice:

    Simple y llanamente precioso y efímero, como cuando el olor llama al recuerdo.

  3. Lascivo dice:

    A favor: Es conciso. Como todo relato romántico, es bonito. Buen juego lo del olor.

    En contra: Quizás demasiado corto, no me ha llegado a transmitir un sentimiento del todo definido. Pero por lo general guay 🙂 (para ser romántico, que personalmente creo que un género muy fácil de hacer).

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